La reflexión sobre cultura y desarrollo en el marco del Bicentenario

23 de junio de 2016
Sesión académica a cargo de Luis Alberto Romero, Alejandro Katz y Vicente Palermo, organizada por el Comité de Cultura del CARI, con el auspicio de la UNESCO
Por Dolores Smuclir

Con este encuentro se dio inicio al ciclo de conferencias "La reflexión sobre cultura y desarrollo en el marco del Bicentenario", organizado por el Comité de Cultura del CARI, con el auspicio de la UNESCO.

Luis Alberto Romero fue el primer orador e inició afirmando que, antes de preguntarse sobre la relación entre cultura y desarrollo, es menester precisar qué se entiende por cada una. Hizo especial énfasis en el concepto de cultura. Remarcó que se suele hacer referencia a la cultura como a nuestra esencia nacional o ADN, a aquello inmodificable desde un origen remoto. De aquí surge el temor de definir esto como inamovible porque, si bien viene de larga data, el dilema es qué hacer para modificar esto.

Al hablar de cultura, Romero se refirió "al mundo de lo simbólico, de las representaciones que tenemos todos en la cabeza. Una realidad inmaterial que se diferencia de otra realidad más material, más tangible como las instituciones, los hombres y sus cosas".

En este sentido, señaló distintas ideas de "pasado". En primer lugar, hizo alusión al término "tradición" y afirmó que se trata de miradas que hacemos desde el presente recuperando, reelaborando o inventando el pasado, lo que genera una especie de "pasado activo". A su vez, destacó que existe un "pasado residual" que no opera sobre el presente. Se trata de aquellas experiencias que buscan modificar el núcleo estable de cierto ámbito social, consideradas vanguardistas, disconformistas o revolucionarias y suelen triunfar, imprimiendo un nuevo sello y siendo, por lo general, reabsorbidas por la cultura.

"La actitud que tomamos los argentinos ante la ley se decodifica en valores, teniendo un efecto a largo plazo en la noción de desarrollo"

Posteriormente, Romero afirmó que el mundo de la cultura es un espacio para la acción deliberada que trata de modificar algunas cuestiones. Ésta es la idea que tenía Sarmiento sobre la escuela al haber buscado una acción deliberada y sistemática del Estado que creara un ámbito donde modificar elementos de la cultura. Destacó que éste, a su vez, es el objetivo de los grupos políticos y de organizaciones de la sociedad civil que están "empeñadas en querer modificar algún aspecto cultural", afirmó.

En este sentido, la cultura es modificable. Se trata de "una creación humana que puede ser corregida por otra creación humana", enfatizó Romero. Reconoció, no obstante, que no es una tarea fácil y continuó preguntándose cómo funciona el procesamiento cultural. Dijo que todo lo que proviene del mundo de las representaciones surgió en algún momento de experiencias directas que, a forma de reiteración, se transformaron en un patrón de comportamiento al cual la gente se fue ajustando. Al haberse establecido, se transformó en un valor. Asimismo, señaló que cambiar la noción de cultura implica, primero, entenderla.

Para Romero, es menester pensar que la cultura es modificable para justificar tanto el activismo del Estado que anhela el desarrollo, como de las organizaciones y sociedad civil que pretenden asumir de un modo distinto el desarrollo procurando modificar la cultura política.

En segundo lugar tomó la palabra Alejandro Katz quien se mostró de acuerdo con Romero en que "la cultura no es inmodificable" y agregó que no se trata de un rasgo indentitario y no puede ser entendida en términos de carácter nacional, de destino, condena o promesa. Se trata, en definitiva, de modos de hacer. A su vez, la cultura explica el comportamiento no sólo humano, sino de todas las especies animales, por lo que consideró que quizás sea la biología la rama que mejor puede proveer una definición de cultura.

Haciendo alusión a los argentinos en particular, "hay muchas formas de pensar por qué la cultura funciona de ese modo" dijo Katz, citando a Carlos Nino. Todos hacen cosas inadecuadas y el resultado es el peor para el conjunto. A modo de ejemplo se refirió al tránsito. Habló de la ilegalidad en beneficio propio.

Katz recurrió al dilema del prisionero para ilustrar cómo al fin y al cabo se termina pagando con la misma moneda, y ejemplificó diciendo: "si me estafan, estafo; si me denuncian, denuncio; si me obstruyen el paso, hago lo mismo". Estas formas de proceder se traducen luego en conductas colectivas. La cuestión reside entonces en si uno recibe una moneda mala, apela a utilizar la buena a fin de cambiar conductas colectivas adversas. En este sentido, Katz hizo una analogía con la situación del nuevo gobierno que debe resistir los malos pagos de los otros jugadores hasta lograr invertir la situación. No obstante ello, esto no se ve reflejado en la práctica.

El último orador fue Vicente Palermo quien hizo alusión a la brecha entre necesidades sociales y económicas y la capacidad que la Argentina tiene para crear riqueza, que se encuentra muy por debajo de la suma de necesidades que tenemos.

Según Palermo, gozamos de una cultura anti-capitalista, lo cual es paradójico porque no hay sectores sociales que cuestionen el capitalismo. Esto quiere decir que si uno observa las características del capitalismo –un mercado, productividad, instituciones, normas y determinados valores– los argentinos, en términos generales, no las tenemos presentes como elementos a mejorar, a pesar de las falencias que estas características tienen en el país.

No se sabe, por otra parte, cuál es la relación entre marcos institucionales y el desarrollo económico capitalista. "Los marcos institucionales no sólo son débiles sino también deficientes, están cooptados e intervenidos muchas veces por la corrupción", afirmó. Por otra parte, tampoco se conoce la relación entre el desarrollo económico y una justicia independiente. La situación es, además, complicada por el mal momento que está pasando el capitalismo a nivel mundial. Los problemas del desarrollo capitalista y los del poder republicano, democrático y liberal están íntimamente relacionados. Por lo tanto, estos incentivos constitucionales son necesarios para alcanzar el desarrollo capitalista. "La actitud que tomamos los argentinos ante la ley se decodifica en valores, teniendo un efecto a largo plazo en la noción de desarrollo", afirmó.

Al finalizar, Palermo señaló que cree en los cambios culturales y que los hubo en la sociedad argentina. Terminó su exposición afirmando que estos cambios "no fueron solo producto de una experiencia traumática y del liderazgo político. A veces las experiencias negativas pueden generar las condiciones para el cambio".

Luis Alberto RomeroHistoriador. Es profesor de la Universidad Di Tella e integra el Consejo de Administración de la Universidad de San Andrés. Es miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de la Nación. Ha sido profesor titular de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del Conicet. Es autor de "Breve historia contemporánea de la Argentina" y "La crisis argentina. Del siglo XX al XXI"

Alejandro KatzEnsayista, editor y profesor. Residió y estudió Lengua y Literatura en México, y en Buenos Aires dirigió el Fondo de Cultura Económica durante quince años. Fue Consejero de la Cámara Argentina del Libro. En la actualidad dirige la editorial Katz Editores

Vicente PalermoDoctor en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Investigador Principal del Conicet. Miembro del Club Político Argentino. Entre sus publicaciones recientes cuentan: La alegría y la pasión. Relatos brasileños y argentinos en perspectiva comparada, editorial Katz, 2015, Buenos Aires

Más información:

Crónica de la sesión académica "¿Qué rol tiene la cultura en la crisis? (Sesión II)", CARI, 24/9/2015
Cultura y desarrollo, según la UNESCO
Video YouTube de la sesión académica

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