Es un
escenario que ya parece clásico de nuestros tiempos. Las luchas étnicas
mezclan los orígenes raciales con la disputa por los escasos recursos.
El resultado son las matanzas, los desplazamientos masivos, la miseria,
y una variedad de atrocidades.
El
nacimiento de Sudan como nación independiente dejó como secuela el
enfrentamiento entre el norte y el sur. Siguieron veinte años de luchas
por el agua y la tierra entre grupos identificados por ellos mismos como
"Africanos" o "Árabes". Al agua y la tierra se le sumaron asuntos
relacionados con el manejo del poder, el rol de la religión en el estado
y autodeterminación. Pastores contra granjeros, rebeldes contra el
gobierno dieron lugar a todo tipo de violaciones a los derechos más
elementales. Dos grupos enfrentaron al gobierno, el Ejército/Movimiento
Sudanés de Liberación Nacional y el Movimiento Justicia e Igualdad.
Distintas
iniciativas intentaron resolver el conflicto. El Protocolo Machakos fue
el resultado de esos esfuerzos en los que se logró la firma de todas las
partes y acuerdo en asuntos elementales para la paz tales como,
principios para la gobernabilidad, procesos de transición y estructuras
de gobierno, así como el derecho a la autodeterminación del pueblo del
Sur de Sudán, el estado y la religión.
Pero la paz
no llegó a todo Sudán. Finalizó la guerra civil en enero de 2005 pero la
violencia irrumpió en Darfur. Con decenas de miles de muertos y 1.8
millones de desplazados, este conflicto escala día a día. Las
atrocidades que tuvieron lugar en Darfur fueron definidas como
genocidio. Nada menos que el entonces Secretario de Estado de los EEUU,
Grl. Colin Powell es quien utiliza esta definición al referirse a la
acción de las milicias janjaweed en contra de las aldeas no árabes.
El esfuerzo
de la comunidad internacional comenzó a articular su respuesta empezando
a nivel regional. La Organización de la Unión Africana tomó la delantera
en estas iniciativas haciéndose cargo del control del cese del fuego y
de los acuerdos para la ayuda humanitaria. La AMIS (African Union
Mission in Sudan) con alrededor de 7000 hombres fue desplegada en Darfur.
La ONU y las ONG comenzaron con la ayuda humanitaria y con el control y
registro de aquellos que cometieran actos contra los derechos humanos,
con el objetivo de aplicar sanciones y llevar a juicio a los
responsables. La Unión Europea, por su parte, aporta casi dos tercios
del sostenimiento de la AMIS a través del Fondo Paz Africana.
Ahora un
nuevo desafío se plantea. Una misión de la Unión Africana debió liderar
un proceso con el objetivo de obtener la paz antes del 30 de Abril, lo
obtuvo el 5 de mayo. Surge entonces la necesidad de respaldar y
reemplazar a la OUA en la operación efectiva de la seguridad en Darfur.
La AMIS tiene un mandato que vence el 30 de Septiembre, fecha a partir
de la cual debería hacerse cargo una fuerza de la ONU. Sin embargo la
cooperación local es difícil de asegurar.
Muchas son
las dudas que esta transición plantea. En principio si bien se dice que
la nueva fuerza tendrá una "fuerte participación y carácter africano" es
indudable la necesidad del aporte de otros "estados miembros
contribuyentes". La intención del Secretario General de la ONU es
reemplazar la fuerza de los 7.000 efectivos actuales a una de 20.000 "con un alto nivel de entrenamiento y equipamiento". No son muchos los
países dispuestos a comprometer tropas en el África en la que se
encuentran ya desplegadas 7 fuerzas de paz.
Para salvar
el desfasaje que se produciría entre la fuerza de OUA y la fuerza de ONU
hay quienes proponen el despliegue de una fuerza "puente" con tropas
OTAN. Esta fuerza debería estar en capacidad de desplegar y tomar el
comando y control de la operación hasta tanto se complete la transición.
A los
desafíos planteados se le agrega la volatilidad de la situación en Chad
que complica y acelera los tiempos.
Hay quien
dice que las atrocidades que vemos son problemas solo africanos que
requieren soluciones solo africanas. Esto que es evidentemente
insostenible requiere respuestas y acciones completas y complejas. Esta
es una brillante oportunidad para evaluar la voluntad de la comunidad
internacional de participar enérgica y efectivamente en la solución de
los problemas africanos.