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Veinte años de Unidad Alemana. Cómo la Revolución Pacífica
transformó el país
Sesión académica a cargo de Wolfgang Thierse, Vicepresidente del
Parlamento Alemán |
por Maximiliano Pérez Toews
El Vicepresidente del Parlamento alemán,
Wolfgang Thierse, comenzó su disertación en el CARI, disculpándose por
no hablar español. Según señaló, esto se debe a sus tiempos en la
República Democrática Alemana (RDA), ya que no podía abandonar el país,
cosa que "tuvo consecuencias aun hasta hoy".
Thierse contextualizó sus palabras en la
celebración del vigésimo aniversario de la unidad de Alemania. "El 3 de
octubre de 1990 los alemanes alcanzaban el sueño deseado por décadas de
derribar en forma pacífica la división y vivir, después de más de 40
años, en un país unificado, social, democrático y de derecho". Remarcó
que el sentimiento de alegría y agradecimiento que tuvo, junto a otros
millones en ese momento, perduran aún en él y es que "el día de la
unificación no fue un mero regalo, sino el costoso resultado de una
revolución pacífica, la primera en su tipo en la historia del pueblo
alemán". Recordó que ya había habido otras revoluciones en Alemania,
pero ninguna que transcurriera sin el derramamiento de sangre y a la vez
fuera exitosa. La describió como una "revolución con velas y rezos",
acompañada con simpatía por toda Europa y el resto del mundo, y como "un
milagro histórico".
De acuerdo al relato del Vicepresidente
del Parlamento alemán, a fines del verano y en otoño de 1989, los
alemanes orientales demostraron, por medio de crecientes manifestaciones
semanales en Leipzig y otras ciudades, que habían perdido el miedo, "que
es la mitad del poder de una dictadura", y a la vez habían reencontrado
su palabra y su coraje. "Nosotros somos el pueblo", gritaban los
manifestantes, y ese grito era extracto de una consciencia de sí mismos
que despertaba y que crecía sabiendo que juntos se podía cambiar algo.
Se refirió a una pancarta que se podía ver en Leipzig en el otoño de
1989 que expresaba ese sentimiento: "Ahora o nunca, libertad y
democracia". Admitió que así lo sintió él y que el recuerdo aun hoy lo
moviliza profundamente.
Según Thierse, el levantamiento civil de
1989 tuvo mucho apoyo en la misma RDA por parte de militantes y grupos
opositores, cuyo coraje e inteligencia eran muy grandes y respetables,
mientras que su número era muy reducido. Las libertades básicas, la
preservación del medio ambiente, la democracia y los derechos humanos
eran los temas, objetivos y valores de la oposición. Los militantes
quisieron impulsar primero una reforma de la RDA y tuvieron que soportar
la vigilancia y medidas de disuasión por parte de la Stasi, el servicio
secreto de la RDA, así como arrestos y persecuciones. Se organizaron
tempranamente bajo la protección de las iglesias.
De entre los militantes surgieron en 1989
los fundadores de distintas iniciativas políticas y partidos. Algunos de
ellos ocuparon en 1990 cargos políticos, otros se quedaron después del 3
de octubre de 1990 en la política o trabajando para instituciones
políticas, otros le dieron la espalda al gobierno y se unieron
nuevamente a organizaciones civiles o no gubernamentales. "El coraje
civil no se hecha a perder, de eso estoy convencido –aseguró Thierse- ya
que hombres y mujeres valientes, de grupos de militantes o religiosos,
de movimientos pacifistas o feministas en la RDA, aun son honrados y
respetados 20 años más tarde; hicieron visible la podredumbre de la
dictadura y, con su ejemplo, llevaron a muchas personas a pensar,
repensar y tomar coraje".
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"El día de la unificación no
fue un mero regalo, sino el costoso resultado de una revolución
pacífica, la primera en su tipo en la historia del pueblo
alemán" |
Para Thierse, el éxito de la revolución
pacífica de en la RDA necesitó de precursores históricos y de la
combinación de diversos hechos, resultados y fuerzas. Mencionó la
importancia de la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en
Europa; los disidentes rusos desde Andrei Sakharov y Alexander
Solchenisky; la Carta 77 de Checoslovaquia; destacó al político Vaclav
Havel, cuyo libro ("Versuch, in der Warheit zu leben", como se
llamó en alemán) fue su principal lectura política en la RDA; el Papa
polaco Karol Wojtyla y su visita de 1979 a Varsovia; hizo hincapié en la
fuerza, la resistencia y el coraje disciplinado del movimiento opositor
polaco Solidarnosc hasta su grandioso descubrimiento de la Mesa Redonda;
la inteligencia de los comunistas reformistas de Hungría que abrieron la
frontera; y la Perestroika de Mijaíl Gorbachov, de quien dijo que aun
hoy le parecía un milagro que no hubiese indicado la intervención del
ejército rojo contra los manifestantes de la RDA. Señaló que la
revolución necesitó también del desastre económico y moral del partido
comunista de la RDA (SED), del coraje civil de los grupos opositores y
de la desilusión de los ciudadanos de la RDA, que los llevó a superar el
miedo, y, finalmente, del manejo de políticos occidentales, desde Helmut
Kohl hasta George Bush padre. "Recién en el encuentro de estas
condiciones funcionó y se hizo visible que la raison d'etre de la
RDA estaba desgastada y destruida", sentenció.
"La RDA nunca tuvo una identidad nacional,
sino una razón de existencia política y de poder como pilar del imperio
soviético –explicó Thierse- cuyos fundamentos precarios e inestables se
nutrieron por el antifascismo después de la Segunda Guerra Mundial y,
luego, por la ideología marxista leninista". También desde el punto de
vista de la SED, la RDA se justificaba sólo como alternativa a la
capitalista República Federal de Alemania (RFA). "Pero donde la
ideología ya no es creída, donde la brecha entre el compromiso
ideológico y la realidad vivida ya no se puede zanjar y donde el puesto
de avanzada política se vuelve innecesario, ahí se quiebra la base del
tan defendido Estado, por lo que el colapso revolucionario fue la
consecuencia y la revolución pacífica fue posible".
Lo que inspiró a los ciudadanos de la RDA,
y que en cierto modo fue contagioso, fue el brote vivido por millones de
coraje civil, fantasía, creatividad y gracia, indicó Thierse. "No
confiaban en que podíamos hacer algo así; nosotros, alemanes orientales,
que tras 40 años de RDA nos consideraban pequeños, grises, feos y
cobardes". Comentó que la confianza en sí mismos liberó energías
impensadas y les permitió tomar en sus manos las cuestiones sociales y
políticas y que la sociedad civil -hasta ese momento atomizada- se
organizó. Nuevos grupos con iniciativas se fundaron y asumieron
responsabilidades políticas en los barrios, las ciudades y el Estado. Y
muchos, pertenecientes a la antigua política, fueron perdiendo
paulatinamente sus cargos. Surgieron en esa fase revolucionaria Mesas
Redondas con motivo de las preguntas más urgentes y la participación de
todos los grupos ciudadanos. También el panorama de los partidos
políticos se modificó radicalmente. Él mismo recordó haberse sumado en
1989 al movimiento ciudadano Neues Forum (Nuevo Foro) y en enero
de 1990 al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), refundado por los
ciudadanos en la RDA. Cinco meses después fue elegido como presidente
del partido.
Thierse aseguró que la legitimación
democrática formal de las demandas de los manifestantes fue el 18 de
marzo de 1990, el día que se realizaron las primeras elecciones
parlamentarias en Alemania oriental. Ese día se eligió la décima
Volkskammer (Cámara del Pueblo), el último Parlamento de la RDA.
"Tras 6 décadas y dos dictaduras muy distintas, los alemanes orientales
pudieron influir sobre la elección de sus figuras políticas de manera
democrática –enfatizó- y lo que eligieron es conocido: la democracia
parlamentaria y la unidad alemana".
Trajo a colación entonces una anécdota
personal. Comentó que su padre no pudo participar nunca en toda su vida
de una elección libre. El 31 de enero de 1933 alcanzó la edad para votar
y un día antes Hitler había tomado el poder. Murió una semana antes del
18 de marzo, antes de la primera elección libre de su vida. "Así de
largas eran las dictaduras en Alemania".
Para Thierse, las elecciones del 18 de
marzo de 1990 marcaron una bisagra; culminaron con la fase
revolucionaria y comenzaron con la fase parlamentaria. "De movimientos
surgieron partidos, ciudadanos que votaban por primera vez se
convirtieron en diputados, secretarios de estado y ministros; años antes
nunca me hubiese imaginado estar en un parlamento democrático; fue la
realización de un sueño muy político".
El Vicepresidente del Parlamento alemán
describió a la décima Volkskammer como una escuela de la
democracia y, a la vez, un parlamento de trabajo. "Nosotros, los
parlamentarios, poníamos en práctica como podíamos -pero de manera muy
entusiasta- las reglas de juego y los caminos de la democracia,
enfrentándonos a una gran cantidad de problemas. Un sistema de gobierno
parlamentario tenía que ser puesto en marcha para hacer que el nuevo
Estado fuese capaz de actuar. La política tenía que ganar legitimidad en
un país cuya economía estaba colapsando, cuyas necesidades eran muy
difíciles de cubrir y cuya población amenazaba con migrar hacia la parte
occidental. Tras 6 meses la Volkskammer tuvo tiempo de preparar
la unificación de ambos Estados elegida por la mayoría del pueblo. La
necesidad de reglamentación era muy grande. Entre las tareas políticas
más difíciles se encontraban la unión económica, de moneda y social, la
equiparación de derechos y una tarea muy especial: la desarticulación de
la Stasi". Thierse contó que decidieron abrir los archivos del servicio
secreto e investigarlos, y elogió en retrospectiva esa decisión, pero
admitió también que se cometieron algunos errores con respecto a otros
temas ya que estaban aprendiendo mientras trabajaban.
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"La unidad alemana, como
decía en el preámbulo del contrato, se vería culminada con el
aporte a la unificación europea y del armado de un orden
pacífico europeo, en el que ya no existieran fronteras que
separen y que todos los pueblos europeos pudieran coexistir en
confianza. En otras palabras, "la unificación alemana y el
proceso de integración europea fueron y son dos caras de una
misma moneda" |
"En Bonn y en Berlín oriental se tomó
consciencia de que la unificación era una tarea primordial que alcanzaba
más allá que abarcaba mucho más que los problemas internos del Estado
–afirmó Thierse- la unificación requería la inclusión en el proceso de
la integración europea". Comentó que el contrato entre la RFA y la RDA
incluyó esta perspectiva. La unidad alemana, como decía en el preámbulo
del contrato, se vería culminada con el aporte a la unificación europea
y del armado de un orden pacífico europeo, en el que ya no existieran
fronteras que separen y que todos los pueblos europeos pudieran
coexistir en confianza. En otras palabras, "la unificación alemana y el
proceso de integración europea fueron y son dos caras de una misma
moneda".
Admitió luego que hoy ven algunas cosas
con menos ilusión que en aquel momento. Contra lo que imaginaban,
tuvieron que asumir que la idea de igualdad y estándar de vida
equilibrado, según está escrito en la constitución, entre oriente y
occidente, necesitó de mucha más fuerza, resistencia y tiempo de lo que
deseaban.
Después de 1990 los alemanes orientales
experimentaron durante años el dramático cambio, el proceso de
transformación económica, el colapso del mercado para productos de
Alemania oriental, el problemático accionar de la Treuhandanstalt
(institución encargada de la privatización de la economía de Alemania
oriental), el cierre de miles de empresas y la pérdida de cientos de
miles de puestos de trabajo. Todo eso generó en muchos hombres profundas
inseguridades y miedos. Luego del auge llegó una fase de estancamiento
que frenó el inicialmente acelerado crecimiento de Alemania oriental, y
su desarrollo estaba a punto de caer. Este obstáculo fue sorteado
gracias a que pudieron adecuar las estrategias de incentivo políticas y
político-económicas y en los últimos años se puede señalar un continuo
-aunque notoriamente lento- crecimiento de Alemania oriental.
Las cifras de la economía doméstica
demuestran a las claras qué objetivos se alcanzaron desde 1989 y qué
tareas aún han de llevarse a cabo. El PBI por persona estaba en 1991 en
las provincias orientales (sin contar a Berlín) era un tercio del nivel
de Alemania occidental. Hasta 2009 esta cifra subió a un 73%. Algo
similar ocurrió con la productividad. Antes de la unificación estaba en
un 25% del nivel de Alemania occidental y en 2009 ha alcanzado
aproximadamente el 75%. Ambas cifras denotan el proceso de equiparación.
Aun hay notables diferencias, pero estas cifras demuestran que, gracias
al esfuerzo de toda Alemania, se ha conseguido mucho en los últimos 20
años. Existen éxitos extraordinarios, y eso se puede ver en el
saneamiento de las arruinadas ciudades de Alemania oriental, en la
modernización de la red de comunicación y de la infraestructura de
transporte, en el sistema de salud y de los inmensos riesgos ecológicos
que existían.
Thierse invitó a los presentes a visitar
las ciudades de Alemania oriental para ver el proceso de cambio y
destacó también los cambios en el ámbito cultural; cómo las grandes
iglesias, los museos y la arquitectura histórica de ciudades enteras fue
salvada y restaurada.
"Alemania oriental posee ahora centros y
polos industriales de distintos rubros, sobre todo en energía y
tecnología ambiental, y tecnologías de la información y comunicación,
nuevos materiales de biotecnología, de investigación de las salud y
técnica médica, y el sector de energías renovables se convirtió en un
motor de ocupación". Aseguró que en la industria de energía solar se
investiga y se produce en Alemania oriental a la par de todo el país y
que cada sexta celda solar a nivel mundial proviene de esa región, lo
que la convierte en un referente mundial.
Admitió, sin embargo, que por cada
desarrollo positivo en los últimos 20 años, también surgieron grandes
desafíos. Las consecuencias de larga duración de la desocupación, la
amenaza de pobreza entre los mayores, la emigración de personas de
Alemania oriental y una población con un promedio de edad mayor que en
el lado occidental, son algunos de los problemas que los ocupan y a los
que deben encontrar soluciones. Un tema urticante para el sentimiento de
igualdad de los alemanes orientales son los sueldos, que en el lado
oriental todavía son más bajos. Si bien se ha logrado cierto
emparejamiento, aún no es suficiente. Los trabajadores orientales
reciben aproximadamente un 80% del salario promedio de los occidentales.
En 1990 era aproximadamente un 50%. Sólo allí donde hay sueldos por
convenio se ha alcanzado un 90% del nivel occidental.
De acuerdo a Thierse, el mayor desafío
sigue siendo la desocupación. En 3 años de mejora coyuntural antes de la
última crisis internacional (es decir, de 2005 a 2008) la desocupación
en Alemania oriental se redujo prácticamente a la mitad. De más del 20%
en 2005, a 11,5% en agosto de 2010. No obstante, la tasa de desocupación
del lado oriental duplica a la del occidental, que en agosto de este año
fue del 6,6%. El tema de la inclusión laboral y de las chances de la
inclusión social sigue siendo fundamental, no sólo en el aspecto
económico, sino también en el mental y cultural del proceso de
unificación.
La unificación alemana fue desde el
comienzo, explicó Thierse, una tarea de todo el país y subrayó que los
éxitos alcanzados en el proceso de unificación en la reconstrucción de
Alemania oriental sólo fueron posibles gracias a la solidaridad de
Alemania occidental. "Sin los medios de los distintos partícipes como el
Länderfinanzausgleich y el Solidarpakt, lo que se ha
alcanzado hasta hoy sería impensado", aseguró, y agregó que "dado que
las provincias orientales aun no se valen por sí mismas, las provincias
y el Estado han decidido la continuidad del Solidarpakt hasta
2019, porque recién después de 30 años de la revolución pacífica -según
nuestro pronóstico- van a estar superadas las principales consecuencias
de la división alemana".
Comentó también que los alemanes han
comprendido que la unificación del país no sólo es un proceso económico
y financiero, sino que sólo tendrá éxito si es vista como un proceso
cultural. Que tiene que ver con la unificación de distintos recuerdos y
formaciones como consecuencia de 40 años separados, con la valoración de
distintas biografías y el cambio de mentalidades.
Ante la pregunta sobre la relación entre
oriente y occidente en Alemania, argumentó que surge también la cuestión
sobre la identidad unificada de los alemanes, sobre su consciencia sobre
sí mismos, su relación con la difícil historia del país, sobre
continuidad y un nuevo comienzo histórico y sobre su entendimiento sobre
Europa. Dijo que el tema de la identidad alemana fue tomado muy en serio
en el Parlamento y lo ilustró con una anécdota: "Tras un largo, serio y
emocional debate, el Parlamento alemán resolvió en 1999, en su última
sesión en Bonn antes de la mudanza a Berlín, la construcción de un
monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa. Este fue el
primer proyecto unificado dedicado a la memoria y el reconocimiento de
que Alemania unificada se hace cargo de su historia. Recordando el mayor
delito de su historia en el centro de su capital. Que no fue la ciudad
en la que se llevó a cabo el asesinato en masa, pero es desde donde se
pensó, planeó, organizó y ordenó la muerte de millones. El monumento es
un impresionante campo de bloques con un inteligentemente pensado centro
de información, que fue inaugurado en mayo de 2005 y es hoy un sitio
significativo de nuestra memoria cultural. Yo fui responsable de ese
monumento como Presidente del Parlamento. Por eso digo que va más allá
de las fronteras, entre información cognitiva y conocimiento histórico
por un lado, y en empatía con las víctimas y tristeza por los muertos
por el otro. Ambas cosas están unidas. Quienes vivimos ahora y las
generaciones venideras debemos reconstruir con el pensamiento y el
corazón una y otra vez este hecho. Ese es el sentido de este monumento".
Thierse afirmó que el tema de la
aclaración histórica, la apropiación de la historia y la comunicación a
futuras generaciones se volvió muy importante para él, por lo que dijo
que visitaría en Buenos Aires el Museo de la Memoria que recuerda a las
víctimas de la dictadura militar. "En Alemania y en Argentina
necesitamos lugares para la memoria que contribuyan a un entendimiento
político y que mantengan despierta la consciencia del costo que tiene
atentar contra la democracia", sentenció.
Finalmente, el Vicepresidente del
Parlamento alemán calificó a la unificación como "un afortunado
acontecimiento histórico", ya que después de dos dictaduras viven
nuevamente unidos en un país libre, en un continente unido y pacífico,
rodeados de países a los que consideran amigos. Dijo que pueden mirar al
pasado y a todo lo alcanzado con consciencia y agradecimiento y que
después de la gran euforia de 1989, son ahora una democracia europea
normal y lidian con problemas diarios.
Consultado sobre su experiencia sobre la
caída del Muro de Berlín, Thierse rememoró el 9 de noviembre de 1989 y
su incredulidad en el momento. Se refirió a la conferencia de prensa en
la que un alto funcionario comunista dijo que había posibilidades de
cruzar las fronteras a partir de ese mismo momento. "Cuando escuché eso
miré a mi mujer y le pregunté qué quería decir con eso porque no lo
entendía ni lo creía, y cuando a la noche llegaban por la televisión
imágenes de la frontera, no lejos de donde yo estaba, tampoco lo podía
creer", relató. Continuó describiendo sus primeros instantes en Berlín
occidental, donde fueron abrazados por personas "locas de alegría" que
les daban vino espumante y que había un ambiente único. "Era toda una
ciudad y todo un país con una alegría desenfrenada porque nadie creía en
ello hasta segundos antes. Así fue la historia y ese fue el momento del
milagro. Hubo una historia previa que he intentando describir con todos
aquellos a los que los alemanes orientales les agradecemos, pero ese fue
el momento del milagro", concluyó.
En respuesta a otra consulta, el
Vicepresidente del Parlamento alemán se refirió también a la relación de
Alemania con otros países al momento de la reunificación y,
especialmente a la que tuvieron y tienen con los Estados Unidos. Confesó
que supieron tras la caída del Muro de Berlín que la ex premier
británica, Margaret Tatcher, estuvo contra la unificación hasta el
final. Que Francois Mitterand dudó si Alemania no se iba a hacer
demasiado grande para Europa y que quería estar seguro que el país iba a
estar fuertemente unido a Europa, y que George Busch padre vio rápido
que los alemanes tenían derecho de unificarse y que buscó cómo ayudar en
el proceso junto con la Unión Soviética y Gorbachov, y no en su contra.
Resaltó una vez más que Gorbachov estuvo sorpresivamente de acuerdo y
que los 300.000 soldados de la armada roja que rodeaban las principales
ciudades de Alemania oriental no intervinieron y calificó como "la
primera parte del milagro" que el 9 de octubre de 1989, en la hasta ese
entonces mayor manifestación, con 70.000 personas en las calles de
Leipzig, no se tirara ningún tiro.
Aseguró que la simpatía de los alemanes
hacia los estadounidenses es muy grande y que tiene que ver con lo
experimentado tras 1945 pero incluye la crítica a ciertas decisiones
políticas. Comentó que él, como la mayoría de la población alemana, dijo
que no a la guerra de Irak porque la considera un error. "Eso también
debe ser posible entre amigos, que no todas las decisiones políticas
sean celebradas sino que también haya diferencias".
Refiriéndose a los temas importantes en el
futuro de Alemania, Thierse aclaró que el proceso de reunificación
todavía no terminó. "Aún necesitamos para los próximos 8 o 9 años mucha
fuerza financiera para que las provincias y comunas orientales se valgan
por sí mismas. Creo que seremos exitosos cuando la diferencia promedio
entre las provincias orientales y occidentales sea equivalente a la
diferencia entre Schleswig Holstein y Hamburgo o Niedersachsen y Baden
Württemberg", estableció.
Como segunda tarea se refirió a la
continuidad de la unificación, el progreso y la competitividad de la
Unión Europea. "Creo que el continente Europeo se diferencia hasta ahora
de otros continentes porque mantiene tres cosas. La organización del
avance económico para el bienestar de las personas, la preservación de
la libertad individual de las personas y una política de igualdad
social; es decir, la mayor conquista, el estado social. Que la riqueza
sea distribuida de manera justa. Defender esto con el cambio de
condiciones, hacer que esto tenga sustentabilidad y futuro, frente a
otros modelos en el mundo. Por ejemplo, se puede bajo la dictadura de un
partido comunista, generar un gran avance económico, como sucede en
China. Europa se diferencia de eso. Se puede tener un avance económico
conservando la democracia y la libertad pero generando como precio
contrastes sociales dramáticos. Que Alemania aporte a este modelo tiene
sentido", explicó.
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"Alemania es una potencia
media que, sólo en cooperación con otros países, puede hacer
algo por la paz mundial; eso une a Argentina y Alemania que, más
allá de las diferencias históricas y económicas, tienen una
responsabilidad en el mundo que es similar. Alemania finalmente
aprendió esa lección. Nunca más un camino individual sino
siempre en conjunto con otros países. Sólo así se puede hacer
política de manera responsable" |
Agregó como tema importante también la
consciencia de que Alemania no es una súper potencia. Aclaró que ser
miembros no permanentes del Consejo de Seguridad no los convierte en una
potencia mundial. "Alemania es una potencia media que, sólo en
cooperación con otros países, puede hacer algo por la paz mundial; eso
une a Argentina y Alemania que, más allá de las diferencias históricas y
económicas, tienen una responsabilidad en el mundo que es similar.
Alemania finalmente aprendió esa lección. Nunca más un camino individual
sino siempre en conjunto con otros países. Sólo así se puede hacer
política de manera responsable".
Finalmente Thierse se refirió a la figura
de Gorbachov y su rol en la unificación alemana. Comentó que una de una
de sus frases más conocidas, "al que llega tarde lo castiga la vida",
nunca fue dicha por el líder soviético en la celebración de los 40 años
de la RDA. "Se expresó típicamente en ruso soviético, de manera
complicada –rememoró el Vicepresidente del Parlamento alemán- de modo
que sólo si se traducía de manera genial al alemán lo que dijo en tres o
cuatro oraciones se hubiese llegado a una frase tan genial".
Recordó también que ese día se vivía una
atmósfera fantasmal en Berlín oriental. De un lado el 40 aniversario de
la RDA, la SED y otros partidos celebraban en el Palacio de la
República, con los invitados del Estado estaban y Gorbachov a la cabeza,
y en la calle estaban los manifestantes que proclamaban: "Gorbi salí".
Llamaban a Gorbachov porque les parecía un "patrono protector". Luego se
enteraron que el líder soviético sabía lo que pasaba afuera y, en una
mezcla de nervios y aburrimiento, abandonó prematuramente las
celebraciones y viajó fuera del país. "Nadie, ni siquiera Helmut Kohl
podía saber que tan rápido, en la primera mitad de 1990, Gorbachov se
iba a decidir no sólo por la unificación alemana sino también por algo
casi tan sensacional, que era la permanencia de Alemania como miembro de
la OTAN. Hasta que eso sucedió no lo podía creer. Que reconociera que la
unidad alemana era inevitable. Y en eso momento las tropas soviéticas
aún no habían abandonado el país. Todo lo que jugó un papel en ese
momento, y me permito una tesis algo atrevida. Imagínese que Gorbachov
hubiese sido exitoso con su política Perestroika, es decir, con la
política de reforma del sistema soviético. Política y económica.
¿Hubiese tenido entonces un motivo para liberar Alemania oriental? Creo
que no. Entonces, la paradoja que planteo junto con mi tesis atrevida es
que el fracaso de la Perestroika de Gorbachov fue uno de los requisitos
para la unificación alemana. El intento de la Perestroika cambió muchas
cosas pero de haber sido exitoso… En mi fantasía creo que hubiesen dicho
que Polonia y todo quedaba para ellos. Pero estaba en el momento del
fracaso, por lo que podía usar millones y billones de la RFA. La
unificación alemana fue también, y eso se puede decir ya que no es nada
malo, pagada por Alemania occidental. En 1990 y hasta ahora. Gracias a
díos la RFA es un país fuerte económicamente y, entre tanto, los
alemanes occidentales también contribuyen a que sea un país fuerte",
concluyó Thierse.
Wolfgang Thierse nació en 1943 en
Wroclaw. Realizó estudios en ciencias de la cultura y lengua alemana en
la Universidad Humboldt en Berlín, donde luego trabajó como asistente de
investigación en el Departamento de Teoría Cultural. Entre 1975 y 1976
fue empleado por el Ministerio de Asuntos Culturales de la República
Democrática Alemana, y hasta 1990 se desempeñó como asistente de
investigación en el Instituto Central de Historia de la Literatura en la
Academia de Ciencias de la RDA. En enero de 1990 se une al Partido
Social Demócrata (SPD) de la RDA, del cual es presidente hasta
septiembre de ese año. Se convierte en miembro de la Cámara del Pueblo
en 1990, presidiendo el grupo parlamentario del SPD/RDA. Desde 1990
hasta 2005 fue vicepresidente del Partido Social Demócrata de la
República Federal de Alemania. Es miembro del Parlamento Alemán
(Bundestag) desde el 3 de octubre de 1990, y entre 1990 y 1998 es
vicepresidente del bloque del SPD. Desde 1998 hasta 2005 preside el
Bundestag Alemán y se convierte en Vicepresidente en octubre 2005.
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