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El G20 y la última reunión de Washington
Sesión académica a cargo de Arturo O’Connell, miembro del
Directorio del Banco Central de la República Argentina |
por Sofía Chico
Recién llegado de la reunión de Viceministros de Finanzas y
representantes de Bancos Centrales del G20 realizada en Berlín, Arturo
O’Connell disertó en la sede del CARI sobre el Gobierno de la Economía
Mundial y el rol de este bloque de países. Lo acompañaban
Antonio Estrany y
Gendre, Vicepresidente del CARI y Fernando Petrella, director del Grupo
de Trabajo sobre el G20, también de esta casa.
Tras
la presentación, a cargo de Estrany y Gendre,
O’Connell inauguró la conferencia realizando un análisis de las
características del Gobierno de la Economía Mundial.
Como
primer rasgo señaló la existencia de "distintas instancias de tentativas
de Gobierno", que se distinguen por su nivel de formalización y por el
grado de participación directa de los Gobiernos nacionales de los países
que las integran.
Estas
instancias van desde instituciones altamente formalizadas –como las de
Bretton Woods- hasta los Comités de Basilea y emprendimientos privados,
como las agrupaciones profesionales de contadores o de mercados de
valores, ejemplos de los cuales es la International Organization of
Securities Commissions (IOSCO).
Las
instancias de menor institucionalización integran lo que O’Connell llama
el Shadow Regulatory System, es decir, un sistema regulatorio de
la actividad financiera que está por fuera de los Gobiernos o de las
asociaciones de bancos.
Como
segunda particularidad, el disertante se refirió al déficit
democrático de la arquitectura financiera internacional, que viene
acompañado de cierta unilateralidad en las instituciones que la
conforman.
Un
claro ejemplo de esto es el sistema de votación del FMI, donde
determinadas decisiones, como la emisión de DEGs (Derechos Especiales de
Giro) o el cambio de cuotas, requieren un 85% de votos positivos para
ser aprobadas. Los Estados Unidos tienen un 17% de los votos, por lo que
detentan el poder de veto. También suele imponerse el llamado G10, que
concentra más del 50% de los votos.
En el
caso de las instancias de carácter privado, este déficit democrático se
percibe en la falta de una representación universal.
Otra
manifestación de este fenómeno es la ineficiencia del sistema
financiero internacional, ilustrado por ejemplo, por los
desequilibrios globales del Balance de Pagos: el G8 no logró resolver
esta problemática por excluir a China, un actor clave en la materia.
Esta dificultad motivó las reuniones del G20, que comenzaron siendo de
carácter técnico, a nivel de Ministros de Finanzas.
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"El sistema económico mundial
actual se caracteriza por una tensión entre lo global y lo
nacional" |
Lo
cierto es que los mercados financieros no funcionan correctamente, por
tratarse de transacciones de un poder de compra a cambio de una promesa.
Por esto es que requieren una intervención pública específica y, dado
que estos mercados se han internacionalizado, esa intervención debe ser
multilateral y global.
Es
este punto el que explica el origen de foros u organismos como el G20,
que se han creado a partir de diversas crisis. En el caso de este
último, se inició en 1998 a nivel de Ministros de Finanzas buscando una
respuesta a las crisis asiática y rusa, y luego, la reunión en
Washington de 2008 abrió una nueva etapa, dándole una jerarquía no
prevista, muy vinculada a la crisis actual.
Una
tercera característica identificada del sistema económico mundial es la
"tensión entre lo global y lo nacional", atribuible a toda instancia
multilateral. Por un lado existe la necesidad de establecer un level
playing field (normas comunes de arbitraje) al que deben sujetarse
los Gobiernos de los países miembros de la institución para lograr
cierta paridad entre sus normas; por el otro lado, estos Gobiernos
poseen estructuras financieras propias, que configuran un bagaje de
experiencias e intereses nacionales diferenciados unos de otros.
Como
ejemplo se refirió a la propuesta de cobrar un impuesto a las
transacciones bancarias, presentada al FMI, que serviría de compensación
a los grandes montos de recursos dedicados al salvataje de los sistemas
financieros. Australia y Canadá, que no padecieron crisis bancaria, se
niegan a imponer una nueva carga a los bancos, argumentando que sus
sistemas de supervisión han sido lo suficientemente rigurosos.
Sumado a todas estas dificultades, se han planteado dudas sobre la
representatividad del G20. Algunas voces exigen que los temas de este
foro se traten en el seno de las Naciones Unidas, donde hay una
participación a nivel global. Otros actores, como la Argentina y Brasil,
reclaman la intervención de la Organización Internacional del Trabajo,
por la importancia que ha cobrado la reforma del mercado laboral.
No
obstante las críticas, se han dado avances significativos en lo que a
representatividad se refiere. Por ejemplo, los llamados BRICs fueron
invitados a la Cumbre del G8 en L’Aquila (2009); y la Cumbre de
Pittsburgh (2009) consolidó y consagró al G20, con el respaldo de los
Estados Unidos, evitando así un retorno al G7 o un giro hacia el G2.
Otro progreso, en la construcción de normativa financiera, ha sido la
incorporación del G20 al Financial Stability Board – Consejo de
Estabilidad Financiera (anteriormente denominado Financial Stability
Forum), agencia
que
tiene la función de coordinar la regulación del mercado y las cuentas
contables con el fin de detectar riesgos macroeconómicos.
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"El futuro del G20 estará
ligado a la evolución de la crisis financiera que, si bien hoy
parece ser solamente un problema europeo, esconde una
complejidad mucho mayor" |
Como
cuarto factor se observa la falta de un secretariado, lo que ha
llevado a depositar este rol en el FMI. No obstante, señaló, se está
avanzando en la formalización de algún mecanismo de coordinación.
Con
todo, destacó O’Connell, el G20 ha logrado mantener un fluido debate e
intercambio de información entre sus miembros, lo que constituye un gran
mérito frente a los fracasos de anteriores intentos.
Como
describió el expositor, la estructura del G20 consta de una jerarquía
formal, constituida por las cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno,
una Presidencia (que actualmente recae en Corea), una Troika, formada
por el actual Presidente, el anterior y el sucesor y la reunión de
Presidentes de Bancos Centrales y Ministros de Finanzas o similares.
Junto
a esta estructura formal existen los Grupos de Trabajo, integrados por
funcionarios de las áreas técnicas correspondientes.
En
paralelo, se observa el surgimiento de muy variadas instancias, lo que
impone la necesidad de coordinar mejor el trabajo. Es el caso de las
reuniones de sherpas y de Ministros vinculadas a los nuevos temas
como reforma laboral, alimentos, subsidios a la energía y cambio
climático.
Seguidamente, se hizo referencia a los temas que dominan la agenda del
G20 en la actualidad, a saber:
- La
necesidad de un "Marco para el Crecimiento Fuerte, Sostenible y
Equilibrado", tal como enuncia la Cumbre de Pittsburgh.
En
esa reunión se decidió que los países compartirán las proyecciones sobre
la evolución de sus economías nacionales para los próximos cinco años.
En base a esa información, el FMI realizará una proyección sobre el
posible escenario mundial.
Por
otro lado, a mediados de 2009, cuando aún no se vislumbraba una salida a
la crisis de la economía real, se comenzó a debatir sobre las llamadas
Exit Strategies, es decir que los países deberían transmitir
cuáles serían los pasos a seguir para desmantelar las medidas
extraordinarias en los terrenos fiscal, monetario y de apoyo al sistema
bancario.
También se menciona la importancia de incluir al sector privado
no-financiero y transmitirle confianza. Este sector está realizando
grandes esfuerzos de desendeudamiento, ya que en sus abultadas deudas
parece haber tenido origen la actual crisis. Se habla entonces de un
déficit de demanda global y se configura un doble rol de los Gobiernos:
por un lado, deben brindar apoyo al sector financiero para evitar su
derrumbe; por el otro lado, deben demostrar al sector no financiero que
no quitarán el elemento de demanda.
En la
reunión de Berlín se puso el acento en la necesidad de una consolidación
fiscal de todos los países (no sólo de aquellos que están hoy en
dificultades), para evitar una gran crisis de confiabilidad. Esta
reducción del déficit y de la demanda podría ser compensada con el auge
y crecimiento de los países en desarrollo como China, India y los de
América Latina, es decir, que esta parte del mundo tendría la carga de
sostener el nivel de actividad económica, algo que no parece ser
factible desde el punto de vista cuantitativo.
-
Reforma Financiera: es el Financial Stability Board (Consejo de
Estabilidad Financiera) el que lleva la voz cantante en esta temática.
En
este punto se ha acentuado aquella tensión entre lo nacional y lo
global, dificultando la posibilidad de alcanzar acuerdos. Además, se
percibe una tendencia al unilateralismo: los Estados Unidos han avanzado
en una reforma financiera –que fue aprobada por el Senado- muy acorde a
sus características nacionales, sin esperar el establecimiento de un
conjunto de normas comunes (level playing field); por su
parte, Alemania avanzó con la prohibición de operaciones de futuros en
determinados mercados. De todas formas, y a pesar de las grandes
discrepancias en la Unión Europea, se busca dar cierta unidad a la Zona
Euro.
También se reflexiona sobre la reforma del Sistema Monetario
Internacional, en particular, sobre el rol de los DEGs y la posibilidad
de crear una nueva moneda de reserva internacional. Se sostiene que los
desequilibrios globales están vinculados a la libertad que tiene Estados
Unidos de mantener el déficit, atribución que no tenía bajo el patrón
oro.
-
Reforma de las instituciones financieras internacionales (en especial de
Bretton Woods): este tema es tratado tanto en el FMI como en los Grupos
de Trabajo del G20 y la discusión se concentra en los recursos y el
poder de voto, así como en las políticas de cada una de las
instituciones.
Otros
temas que integran la agenda financiera internacional son las Redes de
Seguridad Financiera (Financial
Safety
Net),
pobreza y desarrollo, inclusión financiera, y subsidios a la energía.
A modo de conclusión, O’Connell reflexionó acerca del futuro del G20, el
cual, sostuvo, estará ligado a la evolución de la crisis financiera que,
si bien hoy parece ser solamente un problema europeo, esconde una
complejidad mucho mayor.
Arturo O’Connell es licenciado en
Ciencias Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires y realizó
estudios de posgrado en economía en la Universidad de Cambridge, Gran
Bretaña. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la
Representación en Buenos Aires de la Universidad de Bolonia. Desde
agosto de 2003 es Miembro del Directorio del Banco Central de la
República Argentina. Anteriormente, fue Director de la Maestría en
Integración Económica con especial referencia al MERCOSUR en el Centro
de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires y, también fue
co-Director del Centro de Economía Internacional (CEI) y del proyecto
PRIPE, ambos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República
Argentina. Previamente, fue Secretario General para toda la región
latinoamericana de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(FLACSO). Ha sido investigador y enseñado en varias universidades y
centros de Argentina, otros países de América Latina y en Europa.
Consultor de Instituciones Internacionales como la CEPAL, UNCTAD y la
OEA. Ha escrito y publicado sobre asuntos referidos a Deuda Externa,
Finanzas Internacionales, Economía Argentina e Historia Económica en el
siglo XX.
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