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CARI / 31º La gobernanza regional de América Latina
Seminario Anual del Consejo Argentino para las Relaciones
Internacionales |
por Juanita Ceballos
El
pasado lunes 30 de noviembre se llevó a cabo el Seminario Anual del
Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, en el marco del
cual se convocó a un grupo de renombrados expertos para reflexionar
acerca del estado de la gobernanza en la región. A lo largo de la
jornada, expositores con larga trayectoria tanto en la academia como en
la gestión, presentaron sus exposiciones en torno a temáticas de
energía, medio ambiente, seguridad, dinámica económica y democracia.
La apertura de la ceremonia estuvo a cargo del Presidente del CARI,
Adalberto Rodríguez Giavarini, quien aseguró que "la multiplicidad de
vínculos establecidos entre los países hacen que cualquier tema tenga
una dimensión internacional y que las agencias estatales, para poder
cumplir con sus funciones, tengan que llevar acabo acciones en ámbitos
fuera del país". Teniendo en cuenta esta afirmación, la finalidad
principal de las exposiciones consistía en poder identificar los
mecanismos de coordinación política que están teniendo lugar en la
región en cada uno de estos temas y señalar aquellos ámbitos en los que
aún no se ha avanzado satisfactoriamente.
La
jornada giró en torno a una serie de interrogantes que se plasmaron como
punto de partida. ¿Cómo enfrentan los países de América Latina los
desafíos que surgen de una mayor interconexión entre sus sociedades?
¿Cuán fuertes son los mecanismos de gobernanza regional con los que
cuentan los estados para coordinar respuestas individuales a problemas
comunes? ¿Cómo distribuir costos, beneficios y responsabilidades cuando
existen disparidades? ¿Cómo puede la región articular una larga
tradición de sólidas instituciones internacionales con los cambios que
operan en un escenario crecientemente transnacional? Como lo destacó su
Presidente, muchos de los problemas analizados tanto en el foro público,
como en las reuniones de trabajo de los comités e institutos que
componen el CARI durante su trigésimo primer año de actividad, tienen
como denominador común el tratarse esencialmente de las repercusiones
locales de tendencias globales.
Como
última intervención de apertura, Adalberto Rodríguez Giavarini afirmó
que "siendo las actividades internacionales el sustento básico del CARI,
nos vemos en la obligación de proveer un ámbito en el que la discusión
sobre los problemas de la región esté siempre presente".
Energía
Medio Ambiente
Seguridad
Dinámica Económica
Democracia
Energía
Expositores:
Víctor Bronstein y Juan Legisa
Moderador: Jorge
Hugo Herrera Vegas
"Hay una drástica
reducción en las proyecciones de producción de barriles"
Por Juanita
Ceballos
Víctor Bronstein
es
Ingeniero Electromecánico con Orientación en Electrónica
y Doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. En
el ámbito profesional, ha trabajado como consultor de empresas
petroleras y del sector energético, se desempeñó como consultor senior
de Naciones Unidas y asesoró a distintas áreas gubernamentales. Actualmente se encuentra a cargo de la Dirección del Centro de Estudios
de Energía, Política y Sociedad.
"Estamos alcanzando el punto de máxima producción de petróleo y debemos
comenzar a pensar la sociedad desde otros valores". Con esas palabras
comenzó Víctor Bronstein su presentación, en la que habló de la energía
como un elemento fundamental de la sociedad y de la necesidad de lograr,
en un contexto de escasez, coordinación entre lo local y lo global,
para poder impulsar el desarrollo de producción de energías
alternativas.
¿Por
qué en un período de globalización financiera y de mercancías, e incluso
de internacionalización del fenómeno migratorio, el tema de la
integración energética ha quedado atrasado? ¿Tiene un status especial
que le impide integrarse? Esas fueron las preguntas que planteó el
especialista al referirse a las dificultades con que se encuentran las
instituciones de nuestra región para funcionar como organizaciones de
integración regional en temas energéticos.
Bronstein expresó que la Unión Europea es un ejemplo paradigmático de
proceso de integración regional, pero que sin embargo no ha logrado la
integración a nivel energético. "Si bien se pueden distinguir diversas
fases evolutivas, en general se han planteado las políticas energéticas
como cuestiones aduaneras o de política interna, pero no como un
mecanismo de control".
En este
sentido, indicó que es necesario hacer una reflexión con respecto a cómo
se deben encarar los mecanismos de gobernanza regional en el ámbito
energético. Para el ingeniero, para la construcción de estos mecanismos,
al igual que en el ámbito académico, primero se debe establecer una
metodología. El primer paso consiste en definir el campo de estudio
-integración energética-, luego el problema -¿por qué es difícil de
lograr la integración energética?- y por último establecer el método
-interpretar el proceso local como parte de un fenómeno global-.
Según
el expositor, para analizar esta cuestión es posible realizar una
comparación entre gobernar y navegar: "En la época romana la única
organización que perseguía un rumbo determinado era la nave". El
ingeniero hizo una analogía entre los niveles de mando presentes en un
barco con la gobernanza en el ámbito energético. Al traducirlo, la
voluntad política sería el capitán, mientras que los elementos que
posibilitan la integración estarían representados por el piloto y,
finalmente, las interconexiones físicas para concretar la misma tendrían
su equivalente en el maquinista. Teniendo en cuenta esta metáfora,
expresó que la clave para poder llevar un mecanismo hacia su objetivo se
encuentra en el nivel intermedio, donde se realizan las acciones.
El
Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad, nos
recordó también que en América Latina hay instituciones que tienen como
fundamento la integración energética, pero que por una u otra razón han
perdido su objetivo inicial. Una de estas instituciones es la Asociación
Regional de Empresas de Petróleo y Gas Natural en Latinoamérica y el
Caribe (ARPEL). Según Bronstein, esta organización está debilitada y su
meta de lograr integración petrolera ha sido relegada a un segundo
plano.
Con
respecto al desarrollo de los mercados regionales, indicó que existe una
disparidad muy grande de consumo, que tiene que ver con el desarrollo
económico de cada país. Actualmente Venezuela cuenta con el 78% de las
reservas petroleras de la región y el 67% de las reservas de gas. Esto
se traduce, según el especialista, en una posición privilegiada a la
hora de tomar decisiones.
Al
analizar la relación entre los descubrimientos de yacimientos de
petróleo y el consumo del mismo, afirmó que desde 1986 se comenzó a
consumir más de lo que se repone. "Inevitablemente se llega a un límite
en las posibilidades de producción, lo que conlleva a una drástica
reducción en las proyecciones de producción de barriles".
Concluyendo su exposición, Bronstein afirmó que el problema de la región
no es la integración energética, sino la seguridad energética. "Hay que
pensar la integración a partir de la seguridad, esto es, cómo cada país
puede garantizar su abastecimiento". Por otro lado, reafirmó la
importancia de pensar políticas a largo plazo, de crear una Agencia
Regional Interamericana de Energía y de elaborar un proyecto estratégico
de producción de energías que le permita a la región entrar en el mundo
post-petróleo.
"El
problema en la región es la sustentabilidad: no se pueden seguir
realizando proyectos a corto plazo"
Por Juanita
Ceballos
Juan Legisa es
Director Académico del Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria
Energética. Se desempeñó como Presidente del Directorio del Ente
Nacional Regulador de la Electricidad, y fue Subsecretario de Energía de
la República Argentina.
Como
consultor independiente, ha colaborado con la Organización
Latinoamericana de Energía, el Banco Interamericano de Desarrollo, la
Unión Europea, el Instituto para la Integración de América Latina, el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y el Tata Energy
Research Institute.
Para
Juan Legisa, en la era de la globalización, existen esferas de autoridad
adicionales a las del Estado tradicional. Por lo tanto, los ámbitos del
gobierno se han extendido a instituciones no gubernamentales
internacionales y a la sociedad. En este sentido, explicó, el poder ya
no opera solamente a través del Estado sino que la autoridad política
comienza a disociarse para expandirse a estas nuevas esferas. "Hoy es
difícil entender el Sistema Internacional sin incluir a estos actores no
estatales. El desafío en la actualidad es lograr una complementariedad
entre los nuevos actores y el Estado, que asegure una gobernabilidad más
eficiente".
Para el
especialista, antes de pensar en proyectos de integración, hay que
resolver el problema de los grandes intercambios multilaterales, para ir
más allá de los acuerdos bilaterales. Para esto, se deben establecer
marcos regulatorios basados en políticas elaboradas en común, que tengan
como regla número uno el uso eficiente de la energía y la incorporación
de nuevos recursos energéticos, como energías renovables y no
tradicionales.
Al
remitirse a la gobernanza regional, Legisa indicó que en la UNASUR
(Unión de Naciones Suramericanas) es indispensable lograr una
integración energética con el fin de maximizar la utilización de los
recursos existentes. En este sentido, expresó que la sustentabilidad
energética en la región depende de:
-
la exploración y explotación de nuevos recursos;
-
la
incorporación de energías renovables y no tradicionales;
-
la
maximización de la infraestructura existente;
-
la
armonización de los marcos regulatorios;
-
políticas activas en el uso eficiente de la energía; y de
-
regionalizar la Planificación Energética de cada país.
En este
sentido, afirmó que el esfuerzo por la integración debe ser impulsado
fuertemente por los Estados que conforman esta organización. La sociedad
civil y demás esferas de autoridad como ONGs, Organizaciones
Internacionales de Energía y Compañías Trasnacionales, deben aportar
ideas al debate y validar resultados. Expresó también el ingeniero que
los actores no estatales deben involucrarse en las políticas energéticas
para complementar el esfuerzo de los Estados nacionales.
Para
concluir, el analista afirmó que si se cumplen las condiciones expuestas
anteriormente, sería viable una sustentabilidad energética que
fortalezca la seguridad de la región en este aspecto, asegure excedentes
económicos, diversifique la matriz energética, cree nuevos puestos de
trabajo, mitigue los efectos nocivos sobre el ambiente y se adapte a las
consecuencias del cambio climático.
Medio Ambiente
Expositor: Alieto Guadagni
Moderador: Carlos
González Guerrico
"En América Latina no
hay gobernanza regional en medio ambiente"
Por Juanita Ceballos
Alieto
Guadagni es economista graduado en la Universidad de Buenos Aires y
Doctor de la Universidad de California (Berkeley).
Fellow en las Universidades de Chicago, Yale y el
Massachussets Institute of Technology (MIT), fue Embajador de Argentina
en Brasil, y ha sido Representante de Argentina y los países del Cono
Sur en el Directorio del Banco Mundial y la Corporación Financiera
Internacional. Colaborador de los diarios La Nación y Clarín de Buenos
Aires, en la actualidad es consejero del Instituto DiTella y profesor de
los cursos de postgrado de la Universidad DiTella, y un activo miembro
del Consejo Argentino para las
Relaciones Internacionales.
El
economista y especialista en temas energéticos, Alieto Guadagni, inició
su disertación sobre Medio Ambiente y Gobernanza regional, haciendo una
distinción entre tres niveles de gobierno: global, regional y local. El
ex Secretario de Energía señaló que el primer nivel es el que más
compete a los temas medioambientales, porque lo relevante no es el lugar
de origen del fenómeno, sino el impacto que puede causar en el ámbito
global. En esta categoría, por ejemplo, se incluirían las emisiones de
dióxido de carbono. El disertante remarcó que actualmente China y
Estados Unidos son responsables de más de un tercio de las emisiones de
dióxido de carbono relacionadas con combustibles fósiles.
En los
días previos a la Cumbre del Clima en Copenhague, algunos de los
principales países productores de dióxido de carbono se comprometieron a
reducir sus emisiones, entre ellos Estados Unidos prometió una reducción
del 20% respecto a los valores del año 2005 hacia el año 2020, mientras
que Japón estableció su meta en una reducción del 25%. Por otro lado,
China se comprometió a reducir entre un 40 y un 45 por ciento la
intensidad energética (emisión de dióxido de carbono por unidad de PBI)
en 2020 con relación a los niveles de 2005. Sin embargo, Guadagni indicó
que la intensidad energética es un concepto algo más vago que la
reducción concreta de emisiones, lo que permite al gobierno chino un
mayor margen de maniobra.
El la
actualidad, para el especialista, la Unión Europea constituye un claro
ejemplo de gobernanza regional en el ámbito medio ambiental. Para
ilustrar esto, resaltó la creación, por parte de los países de la
región, de la Agencia de Medio Ambiente, un organismo que además de
darle soporte técnico a las decisiones políticas a través de estudios
científicos, establece requisitos medioambientales para las industrias y
hace pública una lista de países que incumplen con las normativas
establecidas. En la Unión Europea, las regulaciones que preservan la
gestión de la calidad del medio ambiente son aceptadas por todos los
Estados, destacándose la regulación REACH, sobre registro, evaluación,
autorización y restricción de sustancias químicas, que entró en vigencia
el 1 de junio de 2007.
Para el
economista lo importante no es que se enuncien los temas, sino que las
intenciones se traduzcan en regulaciones concretas que resuelvan la
disociación regional. Además, las reglas deben ser establecidas a nivel
regional porque "muy probablemente los capitalistas se van a instalar en
donde haya menos regulaciones, produciéndose una dislocación
productiva".
Al
abordar la situación en el MERCOSUR, Guadagni afirmó que allí no existe
gobernanza en medio ambiente. "El Tratado de Medio Ambiente es
solamente un tratado de intenciones. No hay ninguna norma concreta
específica que de lugar a una acción. Es un tratado que en vez de hablar
de objetivos, debería ser la primera etapa de un proceso de crecimiento
en el que se mencionen reglas comunes".
Con
respecto a la Argentina, señaló que "es el único país en donde se
relajan normas medioambientales para favorecer el comercio". Reafirmando
su posición, hizo referencia a una antigua resolución de la Secretaría
de Energía por la cual se establecía, a partir del 1º de junio de 2008,
un límite de azufre del 0,7% en el Fuel Oil, debido a los efectos
contaminantes y destructivos de este elemento químico. Sin embargo,
hacia abril del año pasado, la misma Secretaría dictó la Resolución 150,
que suspendió la normativa ambiental para suplir la necesidad de
importar Fuel Oil.
Seguridad
Expositores: Khatchik Der Ghougassian
y
Germán Montenegro
Moderador: Julio Hang
"Se
debe constatar la insuficiencia del enfoque estado-céntrico para el
mejor entendimiento de la dinámica de la Seguridad Internacional"
por Gloria Montanaro
Khatchik Der Ghougassian es asesor del Subsecretario de Planificación
Logística y Operativa de la Defensa del Ministerio de Defensa de la
República Argentina desde 2006. Posee un Ph. D. en Estudios
Internacionales por la University of Miami, y una maestría en Ciencias
Sociales con especialización en Relaciones Internacionales de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Por otra parte,
ejerce allí y en la Universidad de San Andrés, como profesor e
investigador.
El
académico comenzó la disertación sobre el tema de la gobernanza
de la Seguridad en América Latina con un análisis sobre el uso, la
utilidad, y la aplicación de ese concepto, que aseguró, "no escapa a
cierta confusión".
Para
Der Ghougassian, "el recurrir a un nuevo concepto acontece en un momento
de una suerte de crisis de ese estado del orden westfaliano en el
proceso de globalización", fenómeno que comienza a mediados de los años
‘80, pero con un mayor desarrollo después del fin de la Guerra Fría.
Si bien
el profesor sostuvo que no niega el rol del Estado en la seguridad
internacional, argumentó que se debe constatar la insuficiencia del
enfoque estado-céntrico para entender mejor la dinámica de la seguridad
internacional.
La
gobernanza de seguridad es, para él, "la interacción entre las
instituciones estatales formales y las instituciones de la sociedad
civil". Por lo tanto, el concepto de la gobernanza sobrepasa "el
entendimiento de Estado, Gobierno, régimen, y hasta el ejercicio del
buen gobierno".
El
disertante hizo una distinción entre dos vertientes en el uso de este
concepto:
Interna: designa la deficiencia del Estado en asumir la
gestión de la seguridad en su propio territorio.
Externa: trata de ver los desafíos de la dinámica
interestatal que no encuentran una respuesta satisfactoria mediante el
uso de los conceptos más tradicionales de las Relaciones
Internacionales.
En
ambos casos hay condiciones objetivas que justifican el uso de un nuevo
concepto (la aplicación de los conceptos tradicionales ya no permiten
comprender y explicar el fenómeno). Sin embargo, alertó sobre la
politización en torno a su utilización, ya que podría servir "para
justificar intervenciones externas, negar la relevancia de la soberanía
o ajustar a la insuficiencia o falta de soberanía, por lo que se
transforma en una amenaza para otros estados".
Con
respecto a la vertiente interna, distinguió dos fuentes especiales: la
primera, la ausencia relativa de un Estado en el territorio, y la
segunda, la deficiencia del Estado (la inadecuación de ciertas
organizaciones estatales para ejercer un rol en la seguridad dentro del
territorio teniendo por resultado, por ejemplo, las insurgencias, el
crimen organizado y la violencia delictiva).
En el
primer caso, la gobernanza de la seguridad consiste en la cooperación de
la sociedad civil y el Estado, junto al involucramiento de las ONGs.
"Allí donde el Estado no puede llegar o no logra imponer su autoridad,
éstas instituciones son complementarias", indicó.
En el
segundo caso, hay una inadecuación de las instituciones del Estado, lo
que redunda en "una excesiva interacción de los militares en las
políticas públicas de seguridad y, sobretodo, la necesidad de reformar
la policía y demás fuerzas de seguridad para hacer frente a los
desafíos".
En
cuanto a la vertiente externa de la gobernabilidad, "consiste en la
búsqueda de respuestas a los desafíos trasnacionales de la post Guerra
Fría". Aquí podemos identificar tres tipos de respuestas. En primer
lugar, la iniciativas que apuntan a un cambio cualitativo en las
Relaciones Internacionales, no normativizando el uso de la fuerza sino
proponiendo la abolición de ciertas aplicaciones y usos. En segundo
lugar, los procesos de paz donde a menudo la sociedad civil se involucra
como agentes, cumpliendo roles de construcción estatal o proveedores de
servicios sociales en el contexto de las misiones de paz. Y finalmente,
el tercer punto, los aportes y conocimientos en la regionalización de la
seguridad.
Der
Ghougassian advirtió que todos estos casos implican dos riesgos: el
primero, que se piense la gobernanza en reemplazo de otro sistema
estatal -"Cuando la gobernanza se toma como un fin en sí mismo, y no
como un medio para refundar, reformular o reformar el Estado"-, y
el segundo riesgo, el inherente a la terciarización de las tareas de
seguridad de defensa, o la privatización de defensa y la
mercantilización de la agenda de seguridad -"Pueden tener un interés en
la perpetuación de la gobernanza como sistema porque de ahí obtienen
todos los beneficios para las propias empresas"-.
El
especialista concluyó que en América Latina encontramos las dos
vertientes, "pero desde luego, la primera es las más sólida". Enfatizó
que a partir del fin de la Guerra Fría, y sobretodo en países donde hubo
conflictos, donde hubo gobiernos militares, la sociedad civil se debe
involucrar más para un proceso de gobernanza de seguridad. Al
concluir, afirmó: "Se debe institucionalizar la cooperación en materia
de defensa y seguridad. Ahí es donde creo que hemos llegado a un punto
donde hay comunidades epistémicas que se han especializado en temas de
defensa y seguridad que antes era casi el monopolio de los militares,
pero la ausencia, rechazo o falta de voluntad de los gobiernos para
pensar hasta en políticas comunes en la región no permiten un avance
importante, y creo es ahí donde la gobernanza de la seguridad
cobra un sentido positivo".
"América Latina es una región reacia a alentar procesos que tiendan a
retacear la soberanía de los Estados"
por Gloria Montanaro
Germán Montenegro es
Secretario de estrategia y asuntos militares del Ministerio de Defensa
de la República Argentina. Es Licenciado en Ciencia Política de la
Universidad de Belgrano, maestro en Ciencias Sociales con Mención en
Relaciones Internacionales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO) y posee una especialización en "Entrenamiento en
política de defensa para civiles - Programa Cono Sur" de la Universidad
Torcuato Di Tella (UTDT).
El
abordaje de Germán Montenegro sobre la gobernanza de la seguridad
estuvo focalizado en la reciente aparición del Consejo de Defensa
Sudamericano, una instancia que ha cobrado interés en el campo político.
"Creo que es ambicioso que haya surgido pero que, sin embargo, debe ser
analizada su existencia, su potencialidad, en cuanto a su consolidación,
su desarrollo, a la luz de un conjunto de condicionamientos".
Montenegro consideró que la viabilidad de este tipo de iniciativas tiene
que ver con las condiciones en las cuales se desarrollan: "Yo quiero
llegar a algunas de éstas condiciones, algunas que tienen que ver un
poco con las cuestión de la seguridad internacional de la región".
Las
características de América Latina en términos generales en materia de
seguridad internacional son:
una particular reticencia a alentar procesos que tiendan
a retacear la soberanía de los Estados nacionales (particularmente en
las cuestiones que tengan que ver con el uso de la fuerza o en los
aspectos neurálgicos del Estado Nacional). Los países se proyectaron
internacionalmente sobre la base del criterio de preservación de la
soberanía, la integridad territorial, la no intromisión de los asuntos
internos de otros estados.
una institucionalidad reciente en materia de defensa
una diversidad de agendas, desafíos, esquemas
institucionales y marcos legales que hay con relación a los temas de
defensa
cierta falta de atención o compromiso en distintos
países, por diversas razones, de los asuntos de defensa nacional. Fundamentalmente, el ejercicio del gobierno político de la defensa.
Montenegro consideró que la propuesta del Consejo de Defensa
Sudamericano es positiva porque "más allá de las diferencia que hay a
nivel regional y en las distintas sub-regiones, acota bastante las
agendas sobre las cuáles se va a trabajar."
Por
otro lado, expresó que nuestros países se han caracterizado "por cierta
ausencia de atención política, cierta inefectividad en el ejercicio de
los asuntos políticos de la defensa. El hecho de que empiece a avanzarse
es una novedad. Esto es fundamental, porque si no se fortalece esa
capacidad de gestión en los asuntos de defensa va a ser sumamente
dificultoso que el Consejo de Defensa Sudamericano se consolide en el
futuro".
El funcionario planteó
el principal desafío de la región: apuntalar el Consejo. En su opinión,
eso se logra apuntalando la capacidad de gestión política en materia de
defensa en los distintos países. Indicó dos cuestiones que deben ser
tenidas en cuenta de cara al futuro para la evolución de dicha
institución: primero, avanzar sobre la tendencia reciente de que la
actividad del Consejo se deje llevar por la coyuntura inmediata, y
segundo, crear una identidad sudamericana de defensa que de cuenta de
las diversidades subregionales y nacionales de esta materia.
Montenegro expresó que se plasmaron tres ejes de trabajo a futuro para
el Consejo: la consolidación de las políticas de defensa, la formación
-tanto militar como civil- en las cuestiones de defensa nacional, y la
cooperación en materia de ciencia y tecnología.
Consideró además que el Consejo de Defensa Sudamericano, aparte de
zanjar una falencia que había en la región, "es importante, porque por
debajo de los Ministerios de Defensa hay una prolífica vinculación en
términos de organizaciones militares en el ámbito regional. Las fuerzas
armadas de la región han sido muy prolíficas, muy activas y han avanzado
mucho en materia de coordinación, complementación, confianza mutua,
(...) y si no se logra desarrollar y establecer una institucionalidad de
la defensa, una política que encuadre estos proceso de cooperación que
se dan en el plano militar, creo que vamos a tener la perspectiva de un
desarrollo autónomo en el ámbito de las fuerzas armadas y en el ámbito
de la política internacional que llevan adelante las cuestiones
militares".
Por
último, concluyó que ésta es "una iniciativa política" y que "la
política históricamente no se ha abocado a estos temas por distintas
razones", pero "si la política en cada una de las naciones o países de
la región no termina saldando internamente este proceso, va a ser
complicada la sustentabilidad futura y efectiva del Consejo de Defensa
Sudamericano".
Dinámica Económica
Expositores: José María Fanelli
y
Jorge Carrera
Moderador: Felipe de la Balze
"América Latina es menos volátil, pero hay que cuidarla"
Por María Eugenia Giraudo
José
María Fanelli es Doctor en Economía de la Universidad de Buenos Aires.
Investigador independiente del CONICET e investigador titular en el
Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES)actualmente coordina el
proyecto "International Financial Architecture, Macro Volatility, and
Institutions: The Developing World Experience". Es profesor en las
Universidades de La Plata, Buenos Aires y San Andrés.
Para
analizar las posibilidades de una gobernanza a nivel regional en materia
económica, José María Fanelli comenzó su disertación por abordar la
actual crisis financiera y los desafíos de la coordinación
internacional. En este contexto es necesario identificar ciertos cambios
importantes en la dinámica de la productividad mundial. El primero de
ellos es el impresionante crecimiento de China, que, según el expositor,
"no se ha visto nunca antes, y obliga a todos los demás jugadores a
tomar en cuenta estos datos". El país asiático sigue ganando posiciones,
aún en un contexto de crisis, y gana una enorme competitividad respecto
al resto de los países. A su vez, India también gana espacio,
incrementando de manera significativa su participación en el PBI
mundial. Otras dos modificaciones importantes de la dinámica económica
mundial son el reciclaje financiero del petróleo en los países árabes, y
por último, es de gran relevancia la pérdida de posición de Estados
Unidos en la economía mundial.
El Dr.
Fanelli remarcó que estos cambios se inscriben en un marco de gran
dislocación en la economía mundial: por un lado, encontramos países con
fuertes superávits mantenidos a lo largo del tiempo, que "parecen
mercantilistas convencidos", como Alemania, Japón, y por supuesto China;
mientras que existen países cuyas cuentas se encuentran en constante
déficit, como es el caso de Polonia, Estonia, República Checa, y Estados
Unidos. Estos problemas de productividad son de largo plazo y de
carácter estructural, por lo que no podrán modificarse de un día al
otro, y evidencian la ausencia de coordinación entre los países, en
especial entre los actores más relevantes.
Habiendo identificado las nuevas condiciones de la economía mundial, el
primer desafío para la coordinación internacional consiste en manejar
los desbalances sistémicos. Una medida a tomar para corregir este
desequilibrio sería la reducción del gasto y un mayor ahorro de Estados
Unidos, y al mismo tiempo, la disminución de la acumulación de dólares
por parte de China. Otra medida muy discutida para solucionar esta
situación es la devaluación del yuan renminbi, la moneda china, pero
esto no es posible para el país asiático debido al gran volumen de bonos
del tesoro norteamericano que posee, con una devaluación, los mismos
perderían enormemente su valor provocando a Beijing una pérdida
monetaria importante.
El
segundo desafío para la coordinación reside en la ausencia de un sistema
financiero en buen funcionamiento. Es necesario reconstruir la
intermediación financiera, el sistema bancario internacional, a fin de
tener un soporte que logre acomodar los desequilibrios existentes.
El
economista resaltó que los análisis predicen un crecimiento de la
economía mundial para el año 2010, pero sin embargo es necesario
remarcar que este crecimiento no es equilibrado, las dinámicas son
disímiles, observando una gran distancia entre el ritmo de recuperación
de China e India respecto a las economías del G7.
Existen, entonces, diversas restricciones a la coordinación
internacional en este contexto de crisis. La primera de ellas es la
ausencia del comercio como motor de la recuperación; se prevé sólo un 2%
de crecimiento del comercio internacional hacia el 2010, por lo que las
exportaciones no serán suficientes para impulsar la economía, la cual
deberá apoyarse en el gasto público lograr la reactivación. En segundo
lugar, se plantea la pregunta sobre cómo será posible la recuperación
sin empleo, ya que los países desarrollados se encuentran con un espacio
político reducido para tomar medidas al contar ellos con elevadas tasas
de desempleo. Por último, nos encontramos con los problemas fiscales
para resolver en el mediano plazo, debido al gran aumento de la deuda
pública en países como Alemania, Japón y los Estados Unidos durante la
crisis.
Ante
este diagnóstico de la situación, surge la pregunta sobre el régimen de
políticas a adoptar. Numerosos interrogantes se plantean sobre el
sistema de normativas en el mundo post crisis respecto al movimiento de
capital, la evolución del comercio internacional, el régimen cambiario y
fiscal, y los mecanismos de coordinación internacional.
La
imposibilidad de responder este conjunto de cuestiones y las
dificultades de coordinar las decisiones de los países a nivel global,
permiten plantear, según el profesor Fanelli, la acción regional como
plataforma para establecer reglas de gobernanza y evitar fallas
de coordinación, es decir, un paso intermedio para coordinar decisiones
en materia económica.
La
situación en América Latina, sin embargo, no está exenta de
dificultades. En primer lugar, observamos una fuerte caída del comercio,
e incluso una destrucción inédita de la actividad comercial, a pesar de
que en América del Sur la caída fue menor. A su vez, se evidencia una
disminución del financiamiento y la salida de capitales a partir del
segundo trimestre del 2008. Ese mismo año, el ciclo de expansión del
crecimiento de América Latina iniciado en el año 2000 llegó a su fin,
siendo la tasa de crecimiento del PBI en América del Sur menor al 1% y
de valor negativo para el resto de América Latina. El economista
distinguió en este punto a los países de América del Sur, que poseen
importantes recursos naturales y donde encontramos superávits gemelos
(superávit fiscal y de cuenta corriente), de los países que van desde
Panamá hacia el norte, donde las economías dependen en gran medida de
las remesas enviadas desde el exterior. En general, en América Latina el
endeudamiento público mejoró significativamente, permitiendo
encontrarnos con una región nueva, distinta, mucho menos frágil. "Somos
menos volátiles, hay que cuidarlo", afirmó.
Muchos
países de América Latina están generando lo que el especialista llamó
"autoseguros", estrategia por la cual los países acumulan reservas
internacionales, sea contando con superávits comerciales, como Argentina
y Chile, o sin superávit o incluso déficit comercial, como los casos de
México y Brasil, por "miedo" a sufrir desbalances. Este mecanismo es
bueno para estas economías, pero malo para el resto del mundo, aclaró el
Dr. Fanelli. "No es una estrategia a largo plazo, va contra los
desbalances internacionales", dijo. Es necesario que estos países puedan
animarse a tener un déficit y que no recurran a la acumulación de
reservas para resguardarse, afectando así la dinámica mundial. Para que
esto sea posible, se debe contar con un prestamista para situaciones de
liquidez, una mejor arquitectura financiera donde existan instituciones
que se pueda confiar en que asistirán a los países con estas
necesidades.
Como
conclusión, el profesor Fanelli dijo que debido a las diferencias
existentes dentro del continente, una coordinación a nivel de América
del Sur sería más efectiva. La pregunta que surge es si se tratará de
ampliar y fortalecer el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), o si
la respuesta será un sistema de swaps al estilo de la Iniciativa
Chiang Mai, un mecanismo implementado por los países de ASEAN + 3
(China, Japón y Corea del Sur) para recurrir a un préstamo en caso de
problemas de liquidez. Cualquiera que sea la forma, una estrategia
contra el proteccionismo financiero es necesaria.
"La
nueva Arquitectura Financiera Internacional será una estructura más
simétrica, con una especie de división de tareas"
Por María Eugenia Giraudo
Jorge
Carrera es Jefe de Investigaciones Económicas del Banco Central de la
República Argentina. Doctorado en Roma, es profesor de Finanzas
Internacionales en la Universidad de La Plata, y también enseña en
cursos de maestría en la Universidad de Bologna y Universidad de Buenos
Aires. Sus tareas de investigación se focalizan en las implicancias teóricas y
empíricas de la internacionalización financiera y comercial de las
economías emergentes.
El
segundo expositor de la mesa dedicada a gobernanza y dinámica económica,
Jorge Carrera, dedicó su disertación a explicar la reforma de la
arquitectura financiera internacional y sus impactos en América Latina
en el contexto de la crisis económica mundial.
En
primer lugar, planteó las condiciones de contagio de la crisis, iniciada
en el sector financiero de las economías avanzadas, las cuales contaban
con un espacio político suficiente para generar respuestas que evitaran
el traspaso de la misma al sector de la economía real. Estos intentos no
fueron exitosos y a su vez, la crisis se contagió a las economías
emergentes a través de dos canales de transmisión: el canal comercial
(caída en demanda de exportaciones y términos de intercambio) y el canal
financiero (sudden stop). Estas economías no cuentan con el mismo
espacio para la ejecución de políticas anticíclicas.
A pesar
del fuerte impacto que la crisis tuvo sobre el comercio mundial, del
cual América Latina no se vio exenta, las exportaciones de
commodities tuvieron una reacción positiva, al encontrar mercados en
las economías dinámicas en recuperación, y en particular las
commodities agrícolas, provenientes en su mayoría de América del
Sur, mantuvieron cierta estabilidad. Estas condiciones, sumado a la
mejor situación externa y fiscal de la región al inicio de la crisis,
les permitió a los países latinoamericanos tener cierto espacio y
flexibilidad para enfrentar los desafíos económicos. Según el
economista, Latinoamérica no fue el epicentro de la crisis ya que
aunque hubo
reversiones en los flujos de capitales producto del contagio, se
absorbió bien la mayor crisis global en 70 años sin crisis financieras
internas. En su opinión, la
acumulación de reservas ha sido un instrumento muy útil durante este
período.
En
cuanto a la reforma del sistema financiero internacional, se destaca el
papel preponderante del G20 como foro de coordinación privilegiado para
estos cambios, en detrimento del G7. El nuevo mapa institucional
propuesto consistiría en un esquema más simétrico con una cierta
división de tareas. En esta asignación de funciones, encontramos el
sector de financiamiento y "monitoreo macroeconómico" a cargo de
instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y
los Bancos regionales de Desarrollo. La otra parte del esquema contaría
con instituciones a cargo de las regulaciones financieras, es decir, el
marco normativo y regulador de las actividades del sistema. Además de
las instituciones globales, los Bancos Centrales y otros reguladores
financieros nacionales colaboran en esta área. El nivel político y la
coordinación general de la nueva arquitectura financiera global, estaría
a cargo del G7 y el G20, con mayor liderazgo de este último.
El eje
de este nuevo esquema es el Consejo de Estabilidad Financiera (Financial
Stability Board – FSB), creado por el G20 en la cumbre de Londres
realizada en abril de este año. Esta nueva "superagencia" tiene la
función de coordinar la regulación del mercado y las cuentas contables
con el fin de detectar riesgos macroeconómicos. Otra de las
instituciones globales con protagonismo en esta arquitectura es el
Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, un
foro para la
cooperación permanente en materia de supervisión bancaria encargado de
fijar estándares en regulación y supervisión bancaria, que ha visto
ampliados sus miembros recientemente, incorporando once nuevos países,
entre los que se encuentra la Argentina.
A su vez, el G20 tomó
la decisión de reformar el Fondo Monetario Internacional, realizando
cambios en cuatro aspectos clave: el fondeo, expandiendo los recursos
del FMI a una capacidad prestable de US$ 750.000 millones y emitiendo
Derechos Especiales de Giro (DEG) para inyectar liquidez en la economía
global; los instrumentos, creando una nueva línea de crédito flexible;
la gobernanza, aspecto que está bajo la presión del juego de suma cero,
ya que se busca revisar los porcentajes de votos de cada país a fin de
reflejar el mayor peso de los países emergentes, modificación que tiene
como fecha límite enero del 2011; y la definición de un "nuevo" objetivo
de la institución:
estabilidad financiera y
la extensión de la supervisión a todos los miembros incluyendo los
avanzados.
Según Jorge Carrera,
el impacto de esta reforma en América Latina no es de gran importancia,
en parte al no haber estado la región profundamente golpeada por la
crisis, y por existir cierta coordinación entre los países
latinoamericanos que debe fortalecerse especialmente en foros como el
G20 o instituciones como el Comité de Basilea y el Consejo de
Estabilidad Financiera. Los desafíos de la región ante esta nueva
arquitectura se encuentran fundamentalmente en mejorar los instrumentos
de financiamiento del FMI, mejorar la provisión de liquidez mundial, y
avanzar en la reforma de la gobernanza en el FMI y el BM logrando una
posición más fuerte de los países emergentes.
Democracia
Expositores:
Marcos Novaro y Andrés Serbin
Moderador: Ricardo
Lagorio
"La
continuidad política en la región ha estado marcada por fuertes crisis
políticas y cambios en las reglas de juego"
Por Gloria Montanaro
Marcos Novaro es
investigador independiente del CONICET, director del Programa de
Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani,
director del Archivo de Historia Oral de la UBA y del Proyecto "Red de
Archivos Orales de la Historia Argentina Reciente: Empresarios,
sindicalistas y militares", director del Centro de Investigaciones
Políticas (CIPOL) y autor de numerosos libros.
La
disertación de Marcos Novaro hizo referencia a las discusiones que en el
ámbito académico están teniendo lugar respecto a cuáles son las
tendencias, las perspectivas y los problemas que enfrenta América Latina
en la actualidad.
El
especialista aseguró que es cada vez es más difícil hablar de América
Latina como una región "política e institucionalmente homogénea", dado
que las tendencias, el grado de maduración y el tipo de estructura
institucional que está presente en estos países tiende a divergir cada
vez más. Una de las raíces de estas divergencias tiene que ver con que
"más allá de la continuidad democrática que podemos encontrar en la
región, esa continuidad ha estado marcada por fuertes crisis políticas y
cambios en las reglas de juego".
A su vez,
el politólogo considera que existen dos fenómenos que caracterizan a la
región: en primer lugar, las nuevas formas de inestabilidad política, y
en segundo, los cambios en las reglas de juego (por ejemplo, los cambios
de las cartas constitucionales en nuestras democracias).
Novaro
cree que en esta heterogeneidad regional conviven modelos polares. "Hay
un conjunto de democracias latinoamericanas que han sabido aprovechar un
proceso de expansión económica y de aprendizaje institucional y han
tendido a consolidarse", sostuvo. Para él, la consolidación de esos
Estados se basó en dos pilares: el fortalecimiento del sistema de
partidos y de sus aparatos administrativos. Dentro de este grupo de
países incluyó a Chile, Brasil, Uruguay y México.
Asimismo,
existe otro conjunto de países que no han experimentado este proceso de
consolidación y en donde se concentran los casos de nueva inestabilidad
política. "Hablar de riesgo institucional en toda la región es una
generalización absurda", expresó e hizo mención a "siete u ocho países
en los que ha habido recurrentes casos de desplazamientos de
presidentes, en los que frecuentemente se asocian movimientos de
protesta social con estrategias de actores institucionales que, o bien
en respuesta de protesta, o bien como parte de una extensión de la
lógica de competencia política más allá de las reglas de juego,
intervienen para forzar el recambio no reglado de los gobiernos en
ejercicio".
Este
fenómeno se genera en un contexto de crisis política, con un sistema
institucional que no logra contener la protesta social, y la presencia
de actores desleales respecto a las reglas del juego, "que por decir
así, aprovechan las circunstancias de crisis para desplazar al gobierno
en ejercicio".
El
académico indicó que dentro de esa área de inestabilidad debemos
identificar situaciones diversas. Existen casos en los que la crisis
política es un momento determinado dentro de un proceso, un momento
extra institucional; otros en los cuales se produce un quiebre
institucional que supone un cambio profundo e irreversible del propio
sistema. Son situaciones en las que "hay una puesta en forma de
regímenes, o bien híbridos - es decir sistemas que ya no son
estrictamente democracias- o directamente sistemas que no son
democráticos – totalitarios, autoritarios-".
Novaro
explicó que hay un conjunto de autores que señala que las crisis
políticas evidencian "la baja calidad o el carácter insatisfactorio de
las democracias preexistentes, y por lo tanto, esas crisis son la puerta
para la profundización de la democracia". Países como Bolivia, Ecuador o
Venezuela, pueden identificarse dentro de este grupo, países que avanzan
hacia un nuevo sistema de democracias más comprometidas con la igualdad
de las condiciones y la movilización de los actores subalternos.
No
obstante, existe literatura crítica a este tipo de gobierno que señala
que la conformación de regímenes populistas está "más bien debilitando y
hasta eliminando la vida democrática en estos países".
El
disertante sostuvo que "lo que hay que analizar, en lugar de las cartas
constitucionales, son algunos elementos críticos que suponen ruptura con
la definición básica de vida democrática". El primero de estos elementos
implica la participación del Estado en los momentos en los que las
instituciones básicas del aparato estatal son dominadas por factores
partidistas (fundamentalmente las Fuerzas Armadas e instituciones de
regulación). Para él, cuando pasan a ser instrumentos de la lucha
partidaria, "efectivamente el estado de derecho ya está estructuralmente
dañando en el sistema político".
El
segundo, el dominio que adquiere el control estatal de rentas sobre la
autonomía de los sectores económicos principales de las estructuras de
las sociedad. Y en tercer lugar, la ritualización de la competencia
electoral, es decir, "cuando ya no hay posibilidades de que la oposición
adquiera cuotas importantes de poder político a través de la competencia
electoral".
El
investigador consideró que cuando se reúnen estos rasgos, entonces,
habiendo o no cambios constitucionales significativos, "se puede hablar
del pasaje de democracias pluralistas a situaciones híbridas o no
democráticas".
Por
último, Novaro planteó que la gran problemática a futuro, o más bien el
desafío, será procesar "la crisis de estos intentos de conformar
regímenes políticos o populistas". Según él, "difícilmente vayan a tener
éxito" pero "de todos modos van a perdurar en el tiempo y pueden generar
situaciones de no salida institucional, es decir, forzar una crisis
política pura, generando la perspectiva de acciones extra
institucionales, intentos de golpear al gobierno, probablemente
justificados en términos democráticos, pero que de todos modos no
justifican el uso en alguna medida de la violencia, y en especial de la
violencia política".
"Si
tenemos un estado con un desarrollo institucional avanzado, es muy
seguro que tengamos una sociedad civil vigorosa y con capacidad de
respuesta"
Por Gloria Montanaro
Andrés
Serbin es presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones
Económicas y Sociales, miembro del comité ejecutivo del Global
Partnership for the Prevention of Armed Conflicts, profesor invitado en
universidades del país y del exterior, y autor de numerosos libros.
Andrés
Serbin, por su parte, abordó un enfoque diferente al de Novaro en su
exposición sobre la Democracia, e intentó responder la pregunta de
"hasta qué punto la democracia en nuestra región puede no sólo
profundizarse sino básicamente extenderse y hacerse parte de la dinámica
de los organismos regionales", sí acaso la democracia tiene vida más
allá del Estado Nación y cuál es la participación de un actor muy
especifico en el marco de la democracia como es la sociedad civil.
El
especialista considera que "si tenemos un estado con un desarrollo
institucional avanzado, lo más seguro es que vamos a tener una sociedad
civil vigorosa y con capacidad de respuesta". Según él, a
institucionalidad más fuerte, más espacio de participación de la
sociedad civil. Esto implica "un cumplimiento de mucho de lo que aparece
en los organismos regionales como parte de las declaraciones de
principios, que es la cláusula democrática. Está presentes prácticamente
en todas las organizaciones de carácter regional y subregional".
Serbin
indicó que aún en los organismos con mayor tradición de dialogo o
consulta ciudadana, lo que se generan son básicamente consultas con la
sociedad civil. Para él, los mecanismos son "realmente flacos y
débiles", y consideró que hay una serie de mecanismos nuevos que están
apareciendo. Citó por ejemplo el caso de ALBA, y su Consejo de
Movimiento Social: "es un mecanismo de participación, refleja la
democracia participativa que se plantea en el caso de las propuestas del
presidente Chávez, pero es fundamentalmente un instrumento político, no
para una verdadera participación de la ciudadanía, sino básicamente para
la promoción de una serie de iniciativas que se hacen desde el ALBA".
Serbin se
preguntó dónde está la democracia detrás de todo eso, "hasta ahora lo
que tenemos es la capacidad de generar algunos diálogos y algunas
consultas" e indicó que el mecanismo más avanzado en este sentido es en
el marco del Foro Hemisférico de la OEA, donde sí existe un diálogo en
cada Asamblea General de la Organización de Estados Americanos con las
distintas organizaciones de la sociedad civil. También valoró el diálogo
que se genera en el marco de las Cumbres de las Américas.
Sin
embargo, sostuvo que "en la práctica las propuestas que surgen de la
sociedad civil o eventualmente de los vínculos con distintos organismos
parlamentarios a nivel regional no se traducen en iniciativas concretas
en el marco de los organismos regionales".
Serbin
expresó que "cuando nosotros comparamos la OEA con un mecanismo nuevo
como la UNASUR, el contraste en términos de la participación ciudadana
es muy grande. Éste último tiene planteada en su acta constitutiva la
necesidad de promover la participación ciudadana. Pero llega hasta ahí.
(...) No hay ninguna estructura desarrollada, más allá de lo que son las
cumbres presidenciales (...) no hay ningún espacio real de participación
de la sociedad civil. Y aquí realmente entra el gran contraste".
Al
concluir, cuestionó "hasta qué punto nosotros podemos efectivamente
plantear la extensión de la democracia a un ámbito más amplio de toda la
región en función de la existencia de estas organizaciones que nunca van
mas allá de la consulta o del diálogo y difícilmente aceptan algo que
implique formulación e implementación conjunta".
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