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Asistencia internacional para Estados fallidos: un caso de
estudio las Islas Salomón
Sesión académica a cargo de Robert Davis, alto funcionario del
Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio de Australia |
Miércoles
29 de junio de 2011
por Clara Buelhoff y María Pilar
García Plorutti
Robert Davis, alto funcionario de Relaciones Exteriores y Comercio
Exterior de Australia, disertó sobre la intervención regional en las
Islas Salomón, siendo un importante caso de estudio sobre la
asistencia internacional a estados fallidos.
Comenzó por señalar el tamaño relativamente pequeño del Estado
isleño de las Salomón, entre otros ejemplos de estados fallidos,
como Afganistán e Iraq o algunos países africanos. Esta ex colonia
británica (independizada en 1978) se ubica en el Pacífico, a tres
mil kilómetros del nordeste de Australia. Las islas cuentan con una
población de cuatrocientos cincuenta mil habitantes, quienes hablan
cerca de setenta idiomas diferentes.
Davis destacó las características clásicas que hacen a un Estado
fallido, las cuales se aplican cuando: un gobierno central es tan
débil o inefectivo que casi no posee control práctico sobre su
territorio; el gobierno no puede proveerle servicios básicos a sus
ciudadanos; se observa un incremento en corrupción y criminalidad;
se generan movimientos de refugiados dentro del país en gran escala;
y la economía declina drásticamente.
A inicios de 2003, dedujo Davis, las Islas Salomón cumplieron con
todos los rasgos mencionados. A partir de ahí, sostuvo, aumentó la
militarización y el número de ataques entre dos grupos clave: el
Movimiento de Liberación de Guadalcanal y la Fuerza Águila de
Malaita.
Tras la violencia, grandes contingentes de personas migraron desde
Malaita hacia la capital de Guadalcanal, la ciudad de Honiara. Al
llegar, empezaron a ocupar terrenos que consideraban desocupados,
aunque -de hecho- pertenecían a los habitantes de Guadalcanal. Como
consecuencia de este conflicto, aumentó la violencia y el número de
armas automáticas (tales como el AK-47) detentadas por la población
civil. Además, comenzaron los enfrentamientos entre las principales
milicias. Estos factores desembocaron en una escalada de ataques,
incluyendo decapitaciones públicas que, según el orador, se
realizaban para demostrar la falta de control del gobierno.
Luego, Davis explicó que en junio de 2000, la Fuerza de Malaita (una
de las milicias clave) dio un golpe de Estado instalando un gobierno
títere encabezado por Manasseh Sogavere. El orador, quien llegó como
embajador australiano a las Islas en 2001, destacó el
involucramiento australiano en los acontecimientos para forjar un
acuerdo entre ambas milicias tras el golpe. Este acuerdo incluía
condiciones tales como realizar compensaciones por los daños
causados a lo largo del conflicto, asegurar el desarme y la
instalación de un grupo internacional para mantener la paz. No
obstante, admitió, fracasaron en sus esfuerzos, siendo que no se
realizó ninguna reconciliación y los niveles de violencia en Honiara
siguieron aumentando.
La violencia llegó directamente a la capital a principios de 2002.
Davis subrayó que el incidente más dramático fue una barricada del
Ministerio de Finanzas, llevada a cabo por un grupo de policías,
agentes especiales y milicias armadas. Según Davis, manteniendo al
propio Ministro de Finanzas como rehén, el grupo demandó treinta
millones de dólares, amenazando con hacer explotar el edificio.
Seguidamente, el orador explicó que el Primer Ministro Sir Allan
Kemakeza, reaccionó pagándoles a varias agrupaciones a fin de
preservar la apariencia de un Estado funcional; sin embargo no se
logró desacelerar la escalada hacia el descontrol. El banco central,
esbozó el orador, padecía de una falta de fondos y, en consecuencia,
el gobierno fue incapaz de sostenerse sin ayuda extranjera.
Finalmente, en junio de 2003, el gobierno solicitó a Australia que
interviniera. Esta aceptó bajo las siguientes condiciones: que la
intervención fuera regional en vez de unilateral, que hubiera
inmunidad para los involucrados en la intervención y que Australia
recibiera una demanda de intervención oficial. De este modo, las
fuerzas regionales llegaron a las Islas Salomón con una capacidad de
tropa de seiscientas personas, que enseguida aumentó a dos mil.
A partir de la intervención, se acentuó el problema de soberanía al
interior de las Islas, razón por la cual Australia experimentó un
cambio en su política exterior. Según Davis, el gobierno australiano
se esforzó por evitar parecer una potencia neocolonial.
Otro elemento preocupante señalado por Davis es la situación
humanitaria de los isleños. Australia específicamente, se encontraba
preocupada por las consecuencias derivadas de la existencia de un
Estado fallido en el Pacífico; es decir, la manera en que éste
amenaza la seguridad regional general, particularmente si las Islas
Salomón acabaran convirtiéndose en un Estado exportador de
refugiados.
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"La Misión Regional de
Asistencia para las Islas Salomón (RAMSI) fue un enfoque
ejemplar, diferente del modus operandi que Estados Unidos
favorecía en sus intervenciones en otros Estados fallidos" |
Dado el incremento en los delitos de blanqueo de dinero, tráfico de
armas y drogas, existía la inquietud sobre el aumento del deterioro
de esta situación. En este sentido, el riesgo de que organizaciones
terroristas encontraran en las Islas un escenario propicio desde
donde operar era mayor.
Respecto a la tramitación de la intervención, Australia contribuyó
con mil cuatrocientos millones de dólares en asistencia para el
desarrollo y, además, hizo contribuciones sustanciales en materia de
ley y orden (desarme de la población civil, reestructuración de la
policía, recomposición de las prisiones y los tribunales),
estabilización de las finanzas y reconstrucción de la maquinaria de
gobierno.
Davis destacó que la Misión Regional de Asistencia para las Islas
Salomón (RAMSI) combinó componentes policiales y militares en una
operación encabezada por un oficial civil; "fue un enfoque ejemplar,
diferente del modus operandi que Estados Unidos favorecía en sus
intervenciones en otros Estados fallidos", manifestó. Lo que RAMSI
buscaba proveer era primordialmente el restablecimiento de la ley y
el orden, cuyo componente clave sería la eliminación de las armas en
manos de la población civil. Como consecuencia de esa intervención,
subrayó el autor, la confianza que los insulares tenían en las
fuerzas policiales aumentó enormemente, aunque las cifras totales
permanecían debajo del cuarenta por ciento, debido a que se
descubrió que ciertos policías estaban involucrados en actividades
criminales durante el período 2001 y 2003.
Seguidamente, Davis expuso el segundo aspecto relevante de la
intervención: restablecer las finanzas del país. Una de las áreas
mayormente impactadas por la corrupción fue la revisión arancelaria
para empresas importadoras de bienes a las Islas Salomón. A pesar de
que el Tribunal Supremo resolvió que el Ministro de Finanzas no
tenía la autoridad como para autorizar excepciones, tales
procedimientos continuaban existiendo.
A continuación, Davis presentó la tercera área de prioridad: la
reconstrucción de las estructuras de gobierno profundamente
deterioradas. A pesar de los gastos enormes que realizaron los
países involucrados en la intervención, todavía quedaban desafíos.
Añadió que el gobierno australiano previó que la intervención se
extendería a un plazo de entre diez y veinte años y que todavía
apoya esta decisión. Agregó que actualmente se discute disminuir los
recursos y el número de policías y militares involucrados para
transferir muchas de las actividades de asistencia para el
desarrollo bajo el paraguas de AUSAID, la agencia del gobierno
australiano para el desarrollo.
En este marco, el orador subrayó la importancia de reconstruir el
Estado y sus estructuras a fin de enfrentar los problemas que
causaron la violencia, como la tenencia de la tierra. El noventa por
ciento de la tierra es de posesión histórica pero informal, no
existen casi registros oficiales ni métodos para resolver disputas,
y -aunque haya una comisión de reconciliación parecida a la de
Sudáfrica- faltaría un individuo carismático como Mandela, capaz de
asumir el liderazgo de la comisión.
Ante una pregunta de la audiencia sobre la aceptación por parte de
la población de una intervención a tan largo plazo, Davis respondió
que el Acto de Facilitación adoptado por las Islas Salomón requiere
que el parlamento revise cada año la intervención y, además, el Foro
de las Islas Pacificas provee un informe anual.
En lo que concierne el sistema político, Davis comentó que todavía
no existe un sistema de partidos políticos establecido en las Islas.
Mencionó que a veces algunos candidatos se agrupan y se hacen llamar
partido, aunque permanecen unidos sólo hasta después de las
elecciones. Además, se intentó introducir una regla nueva que
establece que los candidatos, tras ser elegidos, ya no pueden
cambiar de partido para que no pierdan sus escaños, pero el Tribunal
Supremo la declaró inconstitucional.
Subsiguientemente, Davis destacó el problema de que se hablan cerca
de setenta lenguas y no existe un idioma nacional único; incluso en
pueblos ubicados a menos de un kilómetro de distancia se hablan
idiomas completamente diferentes.
Además, mencionó que se observan largos flujos migratorios hacia la
capital, predominantemente de hombres jóvenes desocupados, lo cual
ofrece bases fértiles para un eventual conflicto.
Luego, respondió a otra pregunta de la audiencia sobre las
diferencias entre los casos de Haití y las Islas Salomón. El orador
sostuvo que en Haití bajo Tom Macoute y Papa Doc Duvalier se vio una
forma de intimidación institucionalizada que en las Islas Salomón no
se experimentó. Allí, la violencia emergió de la respuesta por parte
de los habitantes de Guadalcanal ante el incremento de inmigrantes
originarios de Malaita. Algunos fueron ataques violentos por los
cuales veinte mil inmigrantes de Malaita regresaron y formaron sus
propias milicias y dieron un golpe. En cambio, las estructuras y el
deterioro en Haití se extendieron por un período mucho más largo.
Davis dedujo que las perspectivas para intervenciones son
extremadamente difíciles debido a la larga duración de la
intervención en las Islas Salomón. En consecuencia, se cuestiona
cuanto debería ser su duración en lugares como Haití o los países
africanos.
Como cierre, Davis sugirió que en lo que
concierne a las estructuras estatales no se puede replicar el modelo
occidental de la misma forma que en otras partes del mundo, sino que
se debe adaptar a la situación local. Asimismo, resaltó la
importancia de forjar la conciencia de una identidad nacional a fin
de cohesionar los procesos políticos.
Robert Davis. Alto funcionario del
Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio de Australia. Preside
actualmente el Comité Organizador de la XXXV Reunión Consultiva del
Tratado Antártico, que se celebrará en 2012 en Hobart, Australia. Ha
cumplido destino en el exterior como Primer Secretario en Tokio,
Consejero en Seúl, Alto Comisionado en las Islas Salomón y Embajador
en Birmania. En Canberra ha ocupado diversos altos cargos, entre
ellos Director General de Diplomacia Pública, Director General del
Equipo Negociador Ministerial para el Acuerdo Común sobre Servicios,
Director de Operaciones Consulares, Director del Grupo de Trabajo
para la Reunión Regional de Ministros de Comercio del APEC, Director
de la Secretaría del Grupo de Coordinación Ministerial del Año 2000,
Director de África y Director de Papúa-Nueva Guinea. Tiene una
licenciatura (B.A.) de la Universidad de Nueva Gales del Sur, cursó
estudios de japonés en la Universidad Nacional de Australia y la
Universidad Sophia de Tokio y obtuvo títulos de grado y de posgrado
en psicología en la Universidad Deakin de Victoria, Australia y la
Universidad de Canberra.
Para más información:
- AUSAID declaración respecto de su misión en las Islas Salomón
http://www.ausaid.gov.au/country/country.cfm?CountryID=16&Region=SouthPacific
- Misión de Asistencia Regional a las Islas
Salomón
http://www.ramsi.org/
- Worldfactbook- las Islas Salomón
https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/bp.html
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