COMITÉ ESTADOS UNIDOS

Observatorio Estados Unidos / Boletín N° 115 / Noviembre - Diciembre 2021

Dirección: Roberto Russell

Edición: Analía Amarelle / Equipo redactor: Federico Bursky, Catalina Sandberg y Carla Gebetsberger

 

INDICE

 

POLÍTICA DOMÉSTICA DE ESTADOS UNIDOS

Las victorias demócratas de noviembre no alcanzan para Biden

 

POLÍTICA Y RELACIONES EXTERIORES DE ESTADOS UNIDOS

En busca del equilibrio entre liderazgo, cooperación y competencia

 

ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA

Entre cumbres: la relación entre Estados Unidos y América Latina

 

 

POLÍTICA DOMÉSTICA DE ESTADOS UNIDOS

 

 

Las victorias demócratas de noviembre no alcanzan para Biden

Fuente: Financial Times

Noviembre evidenció dos importantes acontecimientos para el gobierno de Biden. En primer lugar, el presidente de los Estados Unidos firmó el proyecto de Ley de Infraestructura, por 1.2 trillones de dólares, el día 15 de ese mes. Biden afirmó que el mismo cambiará la vida de los estadounidenses “para mejor”. La ley destina 550 billones a la inversión de nueva infraestructura en caminos, puentes y banda ancha, entre otros (ver gráfico de Financial Times para más detalle). Luego de meses de negociaciones y deliberaciones entre ambos partidos, se lograron concretar dos promesas electorales significativas para el gobierno demócrata: llegar a un acuerdo bipartidista entre Republicanos y Demócratas y proveer el presupuesto necesario para llevar a cabo obras públicas, que fueron postergadas por Administraciones anteriores ante la imposibilidad de llegar a un consenso (NRP).

Si bien el proyecto de ley contó con 32 votos republicanos a favor, entre el Senado y la Cámara de Representantes, los demócratas son pesimistas respecto de futuros acuerdos legislativos entre ambos partidos. Esto se debe, en buena medida, a la repercusión negativa por parte de Trump y de otros líderes del Partido que tuvo el apoyo republicano. En algunos casos, las reacciones incluyeron amenazas de violencia. El único proyecto de ley en el Senado que obtuvo el apoyo republicano, además del de infraestructura, es el que trata la inversión para la producción doméstica de semiconductores, con el fin de contrarrestar el crecimiento industrial de China. Biden enfrenta un bloqueo republicano a las demás prioridades del Partido Demócrata, desde el derecho a voto hasta reformas en materia de inmigración (Politico).

El segundo acontecimiento destacado fue la aprobación por la Cámara de Representantes del proyecto de ley Build Back Better. El mismo pasó al Senado por una suma de 1.75 billones de dólares, con 220 votos a favor y 213 en contra, después de que el líder de la minoría republicana, Kevin McCarthy, rompiera el récord con un discurso que duró más de  8 horas (Financial Times). El mismo tenía un doble objetivo. Por un lado, McCarthy quería retrasar la votación con el fin de perjudicar la agenda de Biden. Por otro, buscaba ganarse el respeto de los republicanos más conservadores, a quienes Trump se dirigió afirmando que los demás líderes republicanos no habían peleado lo suficiente contra los demócratas (The New York Times).

El presidente Biden se refirió a la aprobación, afirmando que ella “nos pone en el camino para construir una economía mejor que antes, reconstruyendo la columna vertebral de Estados Unidos: los trabajadores y la clase media” (The New York Times). Según Cochrane y Weisman, aunque no se haya concretado el plan original de Biden de obtener 3.5 trillones, la legislación aprobada podría tener una magnitud de transformación como ninguna otra desde los proyectos de la Gran Sociedad y la Guerra contra la Pobreza, que fueron impulsados en la década de 1960.

El paquete para implementar medidas sociales y luchar contra el cambio climático pasó ahora al Senado, donde moderados y liberales deberán llegar a un acuerdo. Los senadores demócratas esperan llegar a un consenso con los centristas Joe Manchin y Kyrsten Sinema hacia finales de diciembre. Ambos expresaron preocupación por el tamaño del paquete y por algunas de sus provisiones. La deserción de cualquiera de los 50 senadores demócratas significaría el fracaso del proyecto, que enfrenta la oposición del bloque republicano completo (Reuters). De esta manera, con el fin de llegar a un acuerdo unánime, el proyecto de ley podría sufrir modificaciones, como es el caso de las 4 semanas de licencia anuales. Si esto sucediera, el mismo será derivado nuevamente a la Cámara de Representantes para su aprobación (BBC).

Para aquellos críticos de Build Back Better, el proyecto representa la caída del estilo de gobierno estadounidense, dado su giro hacia la social democracia. Las preocupaciones radican en que este cambio derive en desempleo endémico y en una dinámica de depresión económica, del tipo de la que sufre Europa (The New York Times). Stephen Moore, exmiembro del Economic Recovery Task Force de la administración Trump, describió el día de la aprobación del proyecto como uno de los “más ignominiosos en la historia de la Cámara de Representantes”. Argumenta que no hay una justificación económica para sumar trillones de dólares en gasto y deuda a una economía que está en recuperación; y afirma que la amenaza principal es la “inflación galopante”, la cual podría aplanar la economía y las finanzas familiares (The Hill).

Jason Furman, por su parte, sostiene en su artículo en The Wall Street Journal que los posibles efectos de corto plazo de Build Back Better sobre la inflación son contrarrestados por los resultados positivos del plan, en tanto el mismo sería un importante paso en la reducción de la pobreza infantil. De manera similar, Alan Blinder indica que se debería enfocar la atención en los beneficios del plan, y no en sus costos. Argumenta que los números no tienen un significado concreto para los ciudadanos estadounidenses. Lo importante es que el dinero se gaste sabiamente y que el paquete se financie con criterio (Wall Street Journal).

Aunque noviembre contó con estas dos importantes victorias domésticas para los demócratas, las buenas noticias parecen no trasladarse a los resultados en las encuestas. Los últimos números deFiveThirtyEight arrojaron, al 9 de diciembre, una aprobación del 42.6% y una desaprobación del 51%. El pico máximo histórico de desaprobación de la presidencia de Biden se dio el 21 de noviembre, fecha cercana a los acontecimientos de Build Back Better y la Ley de Infraestructura.

Lo que impulsa estos resultados es, principalmente, la preocupación por la economía, en particular por la inflación y el desempleo. Si bien el mes pasado registró 531.000 empleos nuevos y mejoras en los salarios (The Washington Post), el 70% de los encuestados por ABC clasificaron a la economía como “negativa” y un 38% afirmó que se considera en condición de “pobres”. El aumento de precios, que llegó a su pico máximo desde los últimos 30 años, impacta en la visión política de la economía, en tanto sus efectos son percibidos en el corto plazo, contribuyendo a la caída en el índice de aprobación del gobierno de Biden. De acuerdo con una encuesta de Politico/MorningConsult, el 40% de los encuestados sostuvo que Biden es “muy responsable” por la inflación, mientras que un 60% indicó que es “algo responsable”. Asimismo también se aprecia una falta de confianza en la habilidad de la Administración para manejar este fenómeno, a la vez que un 56% afirmó que la ley de Build Back Better contribuirá a más inflación (Five ThirtyEight).

Por su parte, el presidente Biden y su equipo se encuentran buscando alternativas para conectarse con los votantes, en tanto la economía muestra signos de recuperación que no están siendo percibidos por la población. En un intento por mejorar su popularidad, Biden está aplicando un nuevo slogan para referirse a la Ley de Infraestructura: “Building a Better America” (US News). El mismo es acompañado por una campaña publicitaria respaldada por unos 2.5 millones de dólares. Los spots publicitarios apuntarán a aquellos estados clave para las elecciones de 2022, como Arizona, New Hampshire y Nevada (The Washington Post).

Biden apuesta por un fin de año tranquilo, luego de un noviembre agitado. Esto se funda en la creencia presente en las filas demócratas de que el índice de aprobación del presidente se vio afectado por la percepción de falta de orden en su Administración. Sostienen que los logros legislativos de noviembre fueron opacados por los complicados procesos para su aprobación (Politico). Sin embargo, Anthony Zurcher, de BBC, adelanta que diciembre será un mes largo para los demócratas. En la agenda se encuentran importantes obligaciones legislativas que podrían determinar el éxito o el fracaso del gobierno de Biden; por ejemplo. la aprobación de la ley Build Back Better en el Senado, o el aumento del límite de endeudamiento en el Congreso, el cual vence el 15 de diciembre. Algunas, como las mencionadas anteriormente, se encuentran en manos demócratas mientras que otras, como la preocupación de la sociedad por la economía o un posible nuevo brote de coronavirus, están fuera de su radio de acción.

 

 

POLÍTICA Y RELACIONES EXTERIORES DE ESTADOS UNIDOS

 

 

En busca del equilibrio entre liderazgo, cooperación y competencia

Fuente: AFP

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático número 26 tuvo lugar entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre en Glasgow, Escocia. Este encuentro representó una gran ocasión para el gobierno de Biden en su plan de devolver a Estados Unidos al liderazgo multilateral, en particular tras el destrato por parte de Trump en lo que a cambio climático se refiere.

Con unas condiciones crecientemente acuciantes, la problemática demanda la acción conjunta de todos los actores del sistema internacional. Laura Tyson y Lenny Mendonca (Project Syndicate) rescatan un estudio reciente de las Universidades de Stanford y de Chicago para subrayar el alto consenso en la ciudadanía estadounidense en torno a la lucha contra el cambio climático cuando cuenta con información completa y no sesgada.

Con esta base promisoria, el presidente Biden tiene respaldo interno para retomar el liderazgo multilateral en materia climática. Al respecto, John Podesta y Todd Stern (Foreign Affairs) hacen un balance de su paso por Glasgow y destacan la importancia simbólica y material que Biden le está otorgando a la cuestión climática, al designar al exsecretario de Estado John Kerry como Enviado Presidencial Especial para el Clima y proponer quinientos mil millones de dólares para inversiones en energía limpia y justicia ambiental.

No obstante, los autores también remarcan cuánto peligra la agenda y el liderazgo climático del Presidente cuando entran en conflicto con intereses de seguridad nacional. En particular, citan la falta de presión a Morrison, primer ministro de Australia, para incrementar sus compromisos climáticos en razón del reciente acuerdo AUKUS con el que Biden busca mejorar su posición frente a China en el Indo-Pacífico.

Otro de los casos donde el liderazgo climático de Biden incide en la competencia estratégica con China es África. Dicho continente recibe cada vez mayores inversiones chinas para paliar sus déficits de infraestructura, mientras que también es de los que más padece el cambio climático. Michelle Gavin (Council on Foreign Relations) arguye que el camino y la seriedad que tomen las políticas climáticas de Washington definirán la percepción africana sobre Estados Unidos y, en consecuencia, será una de las variables que más influya en la cercanía que opte por tener el continente con cada una de las superpotencias.

De todos modos, no todo fue tensión y desconfianza entre las dos superpotencias durante el mes de noviembre. Biden y Xi Jinping se reunieron virtualmente el día 15 para intentar moderar la reciente escalada de tensión del vínculo bilateral (ver edición 114 de este Boletín). Si bien el encuentro no arrojó resultados promisorios o anuncios sorpresivos, sí puso sobre la mesa las perspectivas a futuro de la relación entre ambas naciones.

Robert A. Manning (Foreign Policy) describe a este encuentro como el inicio de una tercera etapa en el vínculo bilateral. Tras una primera de intentos fallidos para acercar a China a los valores occidentales durante la Administración Obama, seguida de una etapa de ira durante la Administración Trump, la reunión virtual habría dado inicio, según este autor, a una tercera etapa de negociación. Tras recorrer las condiciones domésticas y externas en las que Biden y Xi Jinping arribaron al encuentro, Manning sostiene que lo que vendrá de ahora en más es un test de intenciones incremental y prolongado. Destaca que los esfuerzos por disminuir la confrontación han sido modestos hasta ahora, pero no insignificantes. Por ello, define a la cuestión climática, la geoeconomía y la estabilidad estratégica en términos militares como los tres frentes donde los mandatarios probarán mutuamente las intenciones de su contraparte con miras a un verdadero enfriamiento de las tensiones.

Con otro enfoque, Jude Blanchette (Foreign Affairs) analiza las acciones recientes de Xi Jinping y sostiene que sus decisiones dan cuenta de la convicción del mandatario chino de la necesidad de tomar medidas importantes en el presente para alcanzar su objetivo de convertir a China en una “nación socialista moderna” para 2035. En ese sentido, remarca la importancia de que el gobierno estadounidense no cometa errores de cálculo sobre el devenir de su competidor, dado que podrían llevarlo a perder la ventaja que posee en la actualidad. Para ello, delinea una serie de medidas que Biden podría tomar en el corto plazo para mantener dicha posición, tales como expandir la alianza militar QUAD y sumarse a la Alianza Transpacífica (CPTPP, por sus siglas en inglés).

Ya en el mes de diciembre, durante los días 9 y 10 tuvo lugar la Cumbre por la Democracia, una instancia ad hoc impulsada por el presidente Biden para asegurar el apoyo a los valores democráticos y los derechos humanos. Steven Feldstein (Carnegie Endowment) analiza la lista de Estados invitados y encuentra que, si bien la mayoría de estos países es considerada “libre” o “plenamente democrático”, algunos invitados están lejos de calificar en estos términos para participar de la Cumbre.

Al respecto, arguye que algunos de los motivos que influyeron en la confección de esta lista fueron las dinámicas regionales al interior de cada continente, los intereses estratégicos de Estados Unidos en regiones como el este europeo y la intención de reconocer y apoyar transiciones hacia una mayor democracia en países como Angola o Zambia. De este modo, la Cumbre posee un componente estratégico con el cual la Administración Biden pretende dar inicio a un “año de acción” que permita revertir quince años de retroceso democrático en el mundo.

Sin embargo, este propósito es cuestionado por Stephen Walt (Foreign Policy). Walt sostiene que la Cumbre no tuvo un objetivo claro: hacer frente a las autocracias, defender la democracia y los DD.HH., contrarrestar a China o enfrentar problemas globales como el cambio climático. A ello, añade que Estados Unidos no se encuentra en la mejor posición para liderar al grupo democrático al ser categorizado incluso desde antes de la asunción de Trump como “democracia defectuosa”. Por ello, concluye que la Cumbre es más bien un malgasto de recursos que condensa los principales problemas de la política exterior estadounidense: incapacidad para establecer prioridades claras y atenerse a ellas y proclamar objetivos ambiciosos que luego no son cumplidos.

Por su parte, Jennifer Hillman (Council on Foreign Relations) subraya el tinte anti-China de la Cumbre y cómo ello puede repercutir en las posibilidades estadounidenses de cooperar con dicho país y Rusia. Asimismo, enfatiza el rol de la relación con la Unión Europea para amplificar los efectos de la Cumbre. En ese sentido, apuntala que iniciativas como B3W del G7 podrían resaltar los beneficios del alineamiento de ambas partes, mientras estas coordinan posiciones en regulación digital y cambio climático.

No obstante, también menciona que la relación transatlántica no debe fortalecerse en desmedro de otros aliados como Japón o Corea del Sur. Por ello, Biden se enfrenta al triple desafío de potenciar el alcance de la Cumbre, de no desatender a ningún aliado cercano y de ofrecer una propuesta lo suficientemente atractiva para que los países opten por alinearse con el grupo global de democracias en medio de su competencia estratégica con China.

Por último, Chris Olaoluwa Ogunmodede (World Politics Review) retoma el atractivo de la Cumbre desde la perspectiva de África y muestra que, a pesar de existir un consenso en la población africana sobre la preferencia de vivir en democracias antes que en autocracias, hay factores que limitan los efectos de la Cumbre. Entre ellos, menciona la desconfianza sobre los verdaderos intereses de Estados Unidos detrás de la Cumbre y la escasa participación de la sociedad civil africana en los procesos de consulta previos a la misma. Por eso, concluye que Biden deberá cumplir con su promesa de vincularse con África de un modo diferente a sus antecesores si pretende que el continente implemente los compromisos que asuma.

 

 

ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA

 

 

Entre cumbres: la relación entre Estados Unidos y América Latina

Fuente: The Economist. Basado en los datos de Freedom House’s democracy index 2021

Los meses de noviembre y diciembre concitaron dos grandes encuentros para el análisis de la relación entre América Latina y Estados Unidos: la Cumbre Tres Amigos y la Cumbre por la Democracia. En medio de dos meses con abultadas agendas electorales en la región, las cumbres abrieron nuevos interrogantes en torno a la “Doctrina Biden” y la división de bloques internacionales entre democracias y autoritarismos.

El 18 de noviembre se llevó a cabo la Cumbre “Tres Amigos”. Joe Biden se reunió con Andrés Manuel López Obrador y Justin Trudeau, los mandatarios de México y Canadá. Se trató de la vuelta al histórico encuentro que se hallaba suspendido desde 2016, tras haber sido rechazado por Donald Trump. La cuestión migratoria, el cambio climático y las relaciones comerciales fueron los principales temas de agenda. La reunión ocurrió unas semanas después de que Biden reabriera por completo las fronteras terrestres de Estados Unidos a los viajeros vacunados. Michael C. Camuñez, director ejecutivo de Monarch Global Strategies y exsubsecretario de Comercio de los Estados Unidos, destacó la falta de compromisos concretos (The Dialogue). De acuerdo a Camuñez, en un contexto que apremia la adopción de un enfoque claro, la Cumbre mantuvo un espíritu de promesa, sin avanzar en el discernimiento de prioridades.

Por fuera de la Cumbre, Biden se reunió con Trudeau y López Obrador por separado, tratándose del primer encuentro entre este último y su par estadounidense. El presidente de México tuvo, además, una amplia reunión bilateral con la vicepresidenta Kamala Harris, con miras a concretar el envío de fondos para  “atacar las raíces de la migración”, en línea con los programas de Partnership For Central America y Collaborative Migration Management Strategy. Se trata de una serie de iniciativas estadounidenses que buscan consolidar en Latinoamérica marcos de cooperación integrales para contener las crisis regionales y fortalecer la posición de Estados Unidos en la región, algo que es visto como un imperativo estratégico en su competencia con China (Ver Observatorio Nº 114). Con espíritu análogo estaba previsto el viaje de Biden a Cartagena, Colombia, que fue cancelado por la propagación de Ómicron, según lo comunicado por la vicepresidenta y canciller de Colombia, Marta Lucía Ramírez.

El miércoles 8 y el jueves 9 de diciembre Biden encabezó la Cumbre por la Democracia (The White House). Este encuentro virtual reunió a más de 110 gobiernos y representantes de la sociedad civil y el sector privado con el objetivo de anunciar nuevos compromisos, reformas e iniciativas para la defensa de la democracia contra el autoritarismo, la lucha contra la corrupción y el respeto de los derechos humanos en el mundo. La lista de invitados fue anunciada por el Departamento de Estado el 24 de noviembre (US State Department). Ocho países de América Latina y el Caribe quedaron excluidos de la convocatoria a la reunión: Bolivia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y Venezuela.

Los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua no trajeron grandes sorpresas por tratarse de gobiernos percibidos por Washington como dictaduras. El último reporte de Freedom House, citado por Biden en la sesión de apertura de la Cumbre, identifica a estos países como los únicos “no libres” en toda América Latina y el Caribe (Freedom House). Sí  fueron invitados los principales líderes opositores de estos tres países: el venezolano Juan Guaidó, la nicaragüense Berta Valle y la cubana Rosa María Payá. Sin embargo, la exclusión de los cinco países restantes (Bolivia, El Salvador, Guatemala, Haití y Honduras) ha llamado la atención de distintos analistas.

Michael Schifter señala la llamativa exclusión de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, dada su importancia para Estados Unidos (BBC Mundo). En los últimos meses, Biden ha buscado avanzar en proyectos de inversión y cooperación con Guatemala, Honduras y El Salvador, pero también con Haití, para hacer frente a las causas de la emigración hacia Estados Unidos como la corrupción, la violencia y la pobreza (Ver Boletín Nº111 de este Observatorio). Se trata de gobiernos que enfrentan grandes desafíos para el pleno desarrollo de sus democracias, de acuerdo con Shifter, que tampoco han sido resueltos por otros países que sí fueron invitados a participar en la Cumbre. ¿Qué otras variables podrían ser tenidas en consideración? Durante los últimos meses, la tensión con las representaciones estadounidenses en el Triángulo Norte y las agitadas campañas electorales llamaron la atención sobre el resguardo de las instituciones democráticas de la región (Catherine Osborn, Foreign Policy).

El 22 de noviembre (dos días antes del anuncio de la lista de invitados) la máxima representante estadounidense en El Salvador, la Encargada de Negocios Jean Manes, anunció que dejaba el cargo señalando que el gobierno del presidente Nayib Bukele “no muestra interés” en mejorar la relación entre los dos países (Associated Press). Honduras y Nicaragua, por otro lado, vienen de dos elecciones presidenciales que atravesaron campañas electorales convulsionadas. En Honduras, luego de que se acusara al oficialismo de fraguar las últimas elecciones, ganó la candidata a presidente Xiomara Castro del partido Libertad y Refundación (53,49% de los votos), quien asumirá el cargo en enero de 2022. En Nicaragua, Daniel Ortega fue reelecto (74,99% de los votos) luego de que su gobierno encarcelara a decenas de rivales electorales y otros disidentes (BBC News Mundo).

De acuerdo a Oliver Stuenkel, Brasil es demasiado relevante como para quedar afuera de la Cumbre, pese a que haya descendido en el ranking de Freedom House en los últimos años y a que su presidente, Jair Bolsonaro, haya incurrido en prácticas en detrimento de las instituciones democráticas (Americas Quarterly, The Economist). De acuerdo con Michael Schifter, esta invitación es aún más llamativa al compararse con la exclusión de Bolivia, que tiene indicadores de democracia similares (BBC Mundo). En la última evaluación anual de libertades civiles y derechos políticos de Freedom House, Bolivia entra en la categoría “parcialmente libre”. Obtuvo 66 puntos sobre 100, más que otros países de la región invitados a la Cumbre como Paraguay (65), Colombia (65) y México (61) (Freedom House).

“Democracy doesn’t happen by accident”, destacó Biden a inicios de la sesión de apertura. ¿Podría asignársele el rol de eje ordenador de la política exterior de Washington a la competencia entre democracias y autocracias para pensar las relaciones Estados Unidos/América Latina? ¿O son otros los ejes que sirven para dar cuenta de la estrategia de Estados Unidos hacia a la región?

 

El Observatorio Estados Unidos brinda información por medio del seguimiento en los medios de prensa de los principales acontecimientos vinculados a la política interna norteamericana, a los Estados Unidos y el mundo, y a los Estados Unidos y América Latina en particular. Las opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento del CARI.

 

 

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